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VERDE

correspondenciAs

conAdios Leopoldo María Panero ·· El loco mirando desde la puerta del jardín ·· Habemus Vanitas en mano ·· A mi madre ·· "España es la que está loca, yo no" ·· El loco ·· Blancanieves se despide de los siete enanos ·· Unas palabras para Peter Pan ·· El circo ·· Carlos Ann · Enrique Bunbury ·· LOS INMORTALES ·· EL LAMENTO DE JOSÉ DE ARIMATEA ·· EL FIN DE LA PSIQUIATRÍA ·· EL QUE ACECHA EN EL UMBRAL ·· Nacho Vegas EL HOMBRE QUE CASI CONOCIO A MICHI PANERO ·· Un Día Con Leopoldo María Panero ·· Teoría y Así se fundó Carnaby Street ··STÉPHANE MALLARMÉ ·· LAMED WUFNIK ·· EL LOCO AL QUE LLAMAN EL REY ··A José Saavedra ·· EL QUE ACECHA EN EL UMBRAL ·3 EL LAMENTO DE JOSÉ DE ARIMATEA ·· Deseo de ser piel roja ·· `The poet behind the madness' ·· MERIENDA DE NEGROS · Elba Martínez ·· incontro tra Leopoldo María Panero e Ianus Pravo · I'vo come colui ch'è fuor di vita ·· después de tantos años · Película sobre L. M. Panero de Ricardo Franco ·· carta al padre · And fish to catch regeneration ·· Hoy empieza todo con Marta Echeverría · Barriusada · Adiós a Leopoldo María Panero

Leopoldo María Panero, 2005 foto by lamalaespina
Habemus Vanitas


'El loco mirando desde la puerta del jardín'
Hombre normal que por un momento

cruzas tu vida con la del esperpento

has de saber que no fue por matar al pelícano

sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros

y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada

de demonio o de dios debo mi ruina.


'Suplicio en la cruz de la boca'


"Todo goce empieza en la autodestrucción…Yo me destruyo para saber que soy yo y no todos ellos…"

"El loco yerra pero no miente. Además tiene la peligrosa manía de decir la verdad."

 "España es la que está loca, yo no"



“En la infancia vivimos y después sobrevivimos.”



«El pensamiento es donde las palabras deben dormir mucho tiempo, con el fin de nacer nuevas y puras».


by ungeniodelmonton


Un Día Con Leopoldo María Panero


"El Padre Cucharón, como le llamo yo al Rey de España, no me presentó como candidato."

Video "Un día con Leopoldo María Panero". Bunbury y Carlos Ann acompañan al poeta fuera del hospital psiquiátrico, donde por última vez, él de manera voluntaria se interna a finales de los años 90. 10 años antes, se decidirá que así fuera y ya en los 70, había sido ingresado.

Con 21 años, el escritor ya había pasado por la cárcel por su militancia en partidos de izquierdas y contaba en su haber con un par de intentos de suicidio.




by poesi.as




El malagueño Jose Antonio Muñoz Rojas, Vicente Aleixandre, Leopoldo Panero (padre de Leopoldo María), Dámaso Alonso y Carlos Bousoño, en 1943

Leopoldo María Panero · Dios De La Vida, Dios De Los Suicidas




I'vo come colui ch'è fuor di vita


http://www.youtube.com/watch?v=W9lwUDFNLyE


http://www.youtube.com/watch?v=IWOn9CB4_8s

http://www.youtube.com/watch?v=en8B9gMX0n0
Incontro tra Leopoldo María Panero e Ianus Pravo,


Las Palmas di Gran Canaria 6-7 marzo 2012.

Leopoldo María Panero è uno tra i più grandi poeti spagnoli viventi,

da trent'anni vive in ospedali psichiatrici.

Attualmente è ospite del sanatorio Juan Carlos I di Las Palmas di Gran Canaria.

Ianus Pravo ne è il traduttore all'italiano.


A solas


Blancanieves se despide  de los siete enanos



Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso 

sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, 

las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, 

ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. 

Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, 

uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.


"Así se fundó Carnaby Street" 1970


El circo



Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma

lanzando gritos y bromeando acerca de la vida:

y no sé sus nombres. Y en mi alma vacía escucho siempre

cómo se balancean los trapecios. Dos 

atletas saltan de un lado a otro de mi alma

contentos de que esté tan vacía.

Y oigo
oigo en el espacio sonidos
una y otra vez el chirriar de los trapecios
una y otra vez.
Una mujer sin rostro canta de pie sobre mi alma,
una mujer sin rostro sobre mi alma en el suelo,
mi alma, mi alma: y repito esa palabra
no sé si como un niño llamando a su madre a la luz,
en confusos sonidos y con llantos, o bien simplemente
para hacer ver que no tiene sentido.
Mi alma. Mi alma
es como tierra dura que pisotean sin verla
caballos y carrozas y pies, y seres
que no existen y de cuyos ojos
mana mi sangre hoy, ayer, mañana. Seres
sin cabeza cantarán sobre mi tumba
una canción incomprensible.
Y se repartirán los huesos de mi alma.
Mi alma. 
               Mi hermano muerto fuma un cigarrillo junto a mí.

"Poesía" 1970 - 1985


A mi madre

(reivindicación de una hermosura)

Escucha en las noches cómo se rasga la seda

y cae sin ruido la taza de té al suelo

como una magia

tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos

y un manojo de flores llevas en la mano

para esperar a la Muerte

que cae de su corcel, herida

por un caballero que la apresa con sus labios brillantes

y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con
            empuñadura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)

"Poemas del manicomio de Mondragón" 1987

Ars Magna


Qué es la magia, preguntas

en una habitación a oscuras.

Qué es la nada, preguntas,

saliendo de la habitación.

Y qué es un hombre saliendo de la nada

y volviendo solo a la habitación.
"Poesía" 1970 - 1985

El lamento del vampiro

Vosotros, todos vosotros, toda 

esa carne que en la calle

se apila, sois

para mí alimento,

todos esos ojos

cubiertos de legañas, como de quien no acaba

jamás de despertar, como

mirando sin ver o bien sólo por sed

de la absurda sanción de otra mirada,
todos vosotros
sois para mí alimento, y el espanto
profundo de tener como espejo
único esos ojos de vidrio, esa niebla
en que se cruzan los muertos, ese
es el precio que pago por mis alimentos.

"Last night together" 1980


Residencia de Estudiantes, en junio de 2005

Infierno y paraíso

«allá estará también la castañera

de ocho pares,

y el humo de los céntimos, y el vaho en los bolsillos»
Leopoldo Panero "Escrito a cada instante"



Pero no sólo los mendigos, padre, van al paraíso

van también aquellos que aun más asco dan

también estos mendigos del ser que acezan

a la puerta del manicomio

esas caricaturas humanas, tal como esta

que Alicia se piensa en el jardín no

humano de las flores
y quisiera destruir el universo
porque si hay algún monstruo, éste es la desgracia

y la única injusticia que existe es la injusticia evidente
y si hay alguna moral, ésta es la moral del desastre.



"Guarida de un animal"

Unas palabras para Peter Pan

"No puedo ya ir contigo, Peter. He olvidado volar, y...

Wendy se levantó y encendió la luz: él

lanzó un grito de dolor... »



    James Matthew Barrie, Peter Pan.

Pero conoceremos otras primaveras, cruzarán el cielo otros nombres -Jane, Margaret-. El desvío en la ruta, la visita 
a la Isla-Que-No-Existe, está previsto en el itinerario. Cruzarán el cielo otros nombres hasta ser llamados, uno tras otro, 

por la voz de la señora Darling (el barco pirata naufraga, Campanilla cae al suelo sin un grito, los Niños Extraviados 

vuelven el rostro a sus esposas o toman sus carteras de piel bajo el brazo, Billy el Tatuado saluda cortésmente, el señor 

Darling invita a todos ellos a tomar el té a las cinco). Las pieles de animales, el polvo mágico que necesitaba de la complicidad 

de un pensamiento, es puesto tras de la pizarra, en una habitación para ellos destinada en el n° 14 de una calle de Londres, 

en una habitación cuya luz ahora nadie enciende. Usted lleva razón, señor Darling, Peter Pan no existe, pero sí Wendy, Jane, 

Margaret y los Niños Extraviados. No hay nada detrás del espejo, tranquilícese, señor Darling, todo estaba previsto, todos ellos  

acudirán puntualmente a las cinco, nadie faltará a la mesa. Campanilla necesita a Wendy, las Sirenas a Jane, los Piratas a Margaret. 
Peter Pan no existe. «Peter Pan, ¿no lo sabías? Mi nombre es Wendy Darling». El río dejó hace tiempo la verde llanura, 
pero sigue su curso. Conocer el Sur, las Islas, nos ayudará, nos servirá de algo al fin y al cabo, durante el resto de la semana.


Wendy, Wendy Darling. Deje ya de retorcerse el bigote, señor Darling, Peter Pan no es más que un nombre, un nombre más 

para pronunciar a solas, con voz queda, en la habitación a oscuras. Deje ya de retorcerse el bigote, todo quedará en unas lágrimas, 

en un sollozo apagado por la noche: todo está en orden, tranquilícese, señor Darling.



"Así se fundó Carnaby Street" 1970

EL LOCO

He vivido entre los arrabales, pareciendo
un mono, he vivido en la alcantarilla
transportando las heces,
he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas
y aprendido a nutrirme de lo que suelto.
Fui una culebra deslizándose
por la ruina del hombre, gritando
aforismos en pie sobre los muertos,
atravesando mares de carne desconocida
con mis logaritmos.
Y sólo pude pensar que de niño me secuestraron para una alucinante batalla
y que mis padres me sedujeron para
ejecutar el sacrilegio, entre ancianos y muertos.
He enseñado a moverse a las larvas
sobre los cuerpos, y a las mujeres a oír
cómo cantan los árboles al crepúsculo, y lloran.
Y los hombres manchaban mi cara con cieno, al hablar,
y decían con los ojos «fuera de la vida», o bien «no hay nada que pueda
ser menos todavía que tu alma», o bien «cómo te llamas»
y «qué oscuro es tu nombre».
He vivido los blancos de la vida,
sus equivocaciones, sus olvidos, su
torpeza incesante y recuerdo su
misterio brutal, y el tentáculo
suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies
frenéticos de huida.
He vivido su tentación, y he vivido el pecado
del que nadie cabe nunca nos absuelva.

RAMÓN DE LA ROCHA (AP)

En el faro

Canción para una discoteca

No tenemos fe
al otro lado de esta vida
sólo espera el rock and roll
lo dice la calavera que hay entre mis manos
baila, baila el rock and roll
para el rock el tiempo y la vida son una miseria
el alcohol y el haschisch no dicen nada de la vida
sexo, drogas y rock and roll
el sol no brilla por el hombre,
lo mismo que el sexo y las drogas;
la muerte es la cuna del rock and roll.
Baila hasta que la muerte te llame
y diga suavemente entra
entra en el reino del rock and roll.

"Poesía" 1970 - 1985

EPILOGO
A AQUELLA MUJER QUE QUISE TANTO

Veías cómo día a día te frotaba
los muslos con la pesadilla,
y al terror escarbar en los dominios del sexo
y nada me decías.
Veías en mis ojos escenas de otros tiempos
secuencias de casas quemadas y rumor de linchamiento
y tocabas con asco las escamas
y no decías nada.
Y me lavabas con el trapo el culo:
todo lo que quedaba,
y decías que era el viento cuando fuera gritaban
los perros otra vez mi muerte:
y me hablabas del viento porque nada quedaba.
Fingías no verme cuando a solas pedía
la muerte que me era debida,
y cuando insistía en que era
la habitación era una capilla ardiente
para quemar los días como cigarros o velas,
honra póstuma a lo que en mi cuerpo había:
decías que era el viento.
Besabas con el oro
blando de tu paciencia la corona
grotesca de mi locura,
y dejabas que amaneciera y luego
oscureciera en la ventana cerrada:
decías que era el tiempo.
Decías que era yo cuando espectros creía
ver en tu cabeza, y en tu
corazón la danza nocturna
y cuando te pegaba e insultaba
blasfemando contra lo más tierno
y no sabía que me amabas.
Y así vivir es solo mendigar a tus puertas
y esperar a tus pies, y soñar tu mirada en el limbo
cruel de las paredes de este cuarto,
aun cuando también podría
decir que acepto la vida
por respeto a ti que tienes piedad de ella
y yo no sé si hay, y no quisiera
creer que la hubo en algún día extraño,
y yo no se si hay.
Yo no sé si hay, y qué es esto que brota
parecido al pus por las paredes, y qué estos libros
viejos como mi vida, testigos de secretos
absurdos y grotescos que ya a nadie interesan,
ridículos como mi vida y más cómicos
aún que mi figura.
Yo no sé si hay vida,
o si aquí queda alguna, y
si no es blasfemia esto, si no es pecar vivirlo
si merece sus ser esta soledad de lepra
y maldición que nombran sólo
los otros por su huida, y con risas y orgías
en torno a este cadáver frágil, aire sólo,
y celebran mi rutina y orinan encima, por las noches
de esta tumba inmensamente humillada.
Yo no sé cómo puede ser tan inmensa mi muerte,
ni cuál es le misterio que hace pasar los días
ni lo que tiene en pie el muñeco que anda
ya torcidos los hilos y sin saber ya nada
ni por qué he escrito esto, ni si hay algo escrito
si no están las letras en la acera borradas,
de toda la cultura.
Yo no sé que es la luz
misteriosa y cruel que aparece a esa hora
eternamente inmóvil de una absurda mañana
yo no sé pero sé que hay cerca de mí una hermana
único ser que existe aún después de la nada.
Y esa lengua que lame
día tras día las llagas que hay por nada
y el dolor sin dolor, como una sombra vana,
como dolor de muelas o caries en una cama,
esa lengua incansable que acariciaba la lepra
esa que ama a los muertos sea quizás, hoy, que
por fin nada
queda ya escrito,
sobre un papel fantasma el único poema.

PANERO, Leopoldo María, Poesía completa 1970-2000, Madrid, Visor, 3ª Ed.(2006) 

Hoy empieza todo · RADIO 3 RNE

Adiós a Leopoldo María Panero ·· 

Marta Echeverría - Barriusada ·· Radio 3 RNE
Él decía que decidió morir en 1977, pero lo hizo ayer. Despedimos a Leopoldo María Panero rescatando de nuestro archivo sonoro algunas de las declaraciones de este poeta genial eclipsado por una vida marcada por la locura y la tragedia familiar.

“HIMNO A SATÁN”, DE LEOPOLDO MARÍA PANERO

Leopoldo María Panero (Madrid, 1948) es un poeta desarraigado, un hombre desclasado que trabaja con sus versos contra la sociedad y contra él mismo, un ser que sufre del complejo de autodestrucción y que transforma ese complejo, esa autodestrucción, en obra de arte. Un maldito, en definitiva. Leopoldo María Panero, aquejado de malditismo, se suicida a cámara lenta y, de esta manera, es capaz de hacer su obra con prisas, iluminada con destellos e impulsada, paradójicamente, por ese descenso hacia el fondo del abismo que, en realidad, busca truncar con violencia, dejar inacabada, esa misma obra. Panero, que busca la poesía en la abominación, reivindica como clave poética la máxima de Mallarmé: «La destruction fut ma Beatrice» (1).
En este caldo de cultivo, el poeta maldito Panero vive de conjurar lo oscuro, lo telúrico, de atraer el misterio, de investigar en el tarot y la alquimia. Persiguiendo lo luciferino como fuente de inspiración. El maldito siempre se reconoce a sí mismo en el área de influencia de Satán. Sin embargo, no es hasta 1987 (con treinta y nueve años) cuando aparece publicado en Poemas del manicomio de Mondragón (Hiperión) su “Himno a Satán”, composición de profunda alabanza que ensalza la figura del ángel caído. Una pieza de marcado carácter exaltado, bordeando cierta inocencia al establecer relación tan íntima con tamaña fuerza maligna. El poeta, ajeno, gozoso (“yo que nací del excremento/te amo”), vislumbra en Satán a ese ser con quien compartir la vida y el destino:
Himno a Satán
«Ten piedad de mi larga miseria»

“Le fleurs du mal”, Charles Baudelaire

Tú que eres tan sólo
una herida en la pared
y un rasguño en la frente
que induce suavemente
a la muerte.
Tú ayudas a los débiles
mejor que los cristianos
tú vienes de las estrellas
y odias esta tierra
donde moribundos descalzos
se dan la mano día tras día
buscando entre la mierda
la razón de su vida;
yo que nací del excremento
te amo
y amo posar sobre tus
manos delicadas mis heces.
Tu símbolo es el ciervo
y el mío la luna:
que caiga la lluvia sobre
nuestras faces
uniéndonos en un abrazo
silencioso y cruel en que
como el suicidio, sueño
sin ángeles ni mujeres
desnudo de todo
salvo de tu nombre
de tus besos en mi ano
y tus caricias en mi cabeza calva
rociaremos con vino, orina
y sangre las iglesias
regalo de los magos
y debajo del crucifijo
aullaremos.
Antes de continuar con el análisis, explicaré que no es azaroso que Leopoldo escoja la composición poética del himno, pues el himno se ha utilizado fundamentalmente para ensalzar a Dios, la Virgen o los santos, así como también a grandes hombres o sucesos memorables; o sea, el poeta desea, ya desde el título, estrellar lo consabido, las convenciones religiosas imperantes, con su visión de Satán. Una visión formada en los momentos de exaltación por el descubrimiento de la imponente figura de Lucifer. El maldito Panero escribe estos versos enamorado (“desnudo de todo/salvo de tu nombre”). Incluso imagina, con cierto candor, fechorías que llevar a cabo en compañía de Satán (“rociaremos con vino, orina/y sangre las iglesias”). El resultado, en mi opinión, es admirable: un gran poema de amor, un amor sumiso y frágil, por supuesto, un amor fruto de la idealización del poeta sobre un ente de enorme poder.
En cualquier caso, no debió quedar totalmente satisfecho, o, mejor dicho, su filiación con Satán evolucionó a lo largo de los siguientes años hasta que en 1994, dentro del poemario Orfebre(Visor), vuelve a publicar otro “Himno a Satán” y, curiosamente, ofrece tres versiones del mismo:
Himno a Satán
Solo la nieve sabe
la grandeza del lobo
la grandeza de Satán
vencedor de la piedra desnuda
de la piedra desnuda que amenaza al hombre
y que invoca en vano a Satán
señor del verso, de ese agujero
en la página
por donde la realidad cae como agua muerta.
Himno a Satán (2ª versión)
La grandeza del lobo
no es penumbra
ni aire
es solo el fulgor de una sombra
de un animal herido en el jardín
de noche, mientras tú lloras
como en el jardín de un animal herido.
Himno a Satán (3ª versión)
Los perros invaden el cementerio
y el hombre sonríe, extrañado
ante el misterio del lobo
y los perros invaden la calle
y en sus dientes brilla la luna
pero ni tú ni nadie, hombre muerto
espectro del cementerio
sabrá acercarse mañana ni nunca
al misterio del lobo.
En estas tres versiones se observa que el poeta se posiciona a mayor distancia de Satán que en el Himno de 1987. Una distancia más real, en este caso, pues antes la idealización ya comentada hacía parecer próximo lo que sin duda estaba a años luz. Se intuye también que esa extensión que Panero coloca entre él y Satán nos quiere poner en aviso sobre la enormidad, y la fatalidad, que acarrea la tarea de intimar con Satán. De ahí que en estos nuevos versos Leopoldo introduce, principalmente, el concepto de “misterio”. También es de destacar la presencia del lobo: el diablo, ahora lejano, misterioso, es abordado mediante la identificación con el lobo. Lejos de la seguridad anterior, del trato de cercanía autoimpuesta del primer himno, reconoce el poeta su auténtico desconocimiento de Satán (“Solo la nieve sabe…”) a pesar del esfuerzo realizado para aproximarse (“ni tú ni nadie, hombre muerto/…/sabrá acercarse ni mañana ni nunca/al misterio del lobo”). Es notorio el poso dejado por las batallas libradas en el alma del poeta, las heridas sufridas. La exaltación es mucho menor en este himno, las alabanzas a Satán son más veladas. El poema rezuma deshumanización y dolor (“de noche, mientras tú lloras/como en el jardín de un animal herido”). Además, no queda ni rastro de amor. El amor era imposible desde el inicio. El diablo no ama. Eso sí, aún pervive la sumisión (“…Satán/señor del verso…”), la necesidad de Satán en su concepción de la poesía.
Panero acierta, en mi opinión, al escribir estas tres versiones, ninguna de ellas perfectamente trabajadas, pero que contempladas en conjunto, leídas con y sin orden, ofrecen una composición no rígida, abierta a que cada uno de los lectores compongan con los materiales sugeridos ese misterio que es Satán.
No obstante, tampoco estas tres versiones complacieron a Leopoldo, es decir, tampoco estos tres himnos conservaron su validez con el transcurso de los años. El poeta no le vuelve la cara a Satán, persiste, y así en 1998, en el poemario titulado Guarida de un animal que no existe(Visor), publica un nuevo Himno, esta vez dedicado a Satanás. El cambio en el tratamiento de la figura luciferina no es radical, el nombre se modifica muy escasamente. El porqué trastoca el título me es desconocido. Aventuro que el poeta quiere desmarcarse de los himnos precedentes, porque por fin ha encontrado algo real y quiere evidenciarlo desde el inicio, pero sin desconectarse de las anteriores composiciones para que podamos seguir el hilo de su filiación satánica. Este hecho le da al “Himno a Satanás” cierto cariz de himno definitivo (2):
Himno a Satanás
A Belfegot, dios pedo o crepitus
Tú que modulas el reptar de las serpientes
de las serpientes del espejo, de las serpientes de la vejez
tú que eres el único digno de besar mi carne arrugada,
y de mirar en el espejo
en el que solo se ve un sapo,
bello como la muerte:
tú que eres como yo adorador de nadie:
ven aquí, he
construido este poema como un anzuelo
para que el lector caiga en él,
y repte
húmedamente entre las páginas.

Los pájaros vuelan sobre tus ojos
y la calavera de un caballo dibuja la silueta de la mentira
de la mentira de Dios en una habitación a oscuras
donde vuelan los pájaros
Como podemos comprobar, Leopoldo María Panero retorna al plano de mayor cercanía que atisbó en su primer himno. Además repite las fórmulas de 1987 para comenzar el poema y en un par de versos: “Tú que…”/ “Tú que eres…” Sin embargo, en contra de lo que pudiera parecer, este himno de 1998 se encuentra en las antípodas del de hace doce años, pues donde antes Leopoldo le confesaba su amor a Satán, ahora, en cambio, el poeta no adora a nadie igualándose, en consecuencia, a Satanás (“tú que eres como yo adorador de nadie”) y cayendo de esta forma, ineluctablemente, en la soledad. La soledad que no es nombrada, pero que cohesiona toda la composición. Una soledad abismal, absoluta, rotunda. La deshumanización se ha completado. La alabanza a Satanás es meramente testimonial. En estos versos el poeta nos habla mucho más de él mismo que de Satanás. El poeta toma el protagonismo y se dibuja encerrado, centro único de un mundo saqueado. Satanás no es ya un misterio. Tampoco es exaltado el diablo como una figura poderosa. El tono al principio, en la dedicatoria, es más bien burlón (“A Belfegot, dios pedo o crepitus”). Leopoldo, incluso, lo llama sin la más mínima ceremonia (“Ven aquí…”) para que su presencia confiera vida al poema; poema que, en realidad, es una astucia para atraer la compañía del lector a su destierro, para existir como poeta desde tan lejos de todo (“…he/construido este poema como un anzuelo/para que el lector caiga en él”). Ni rastro de amor, ni rastro de sumisión. Podría decirse que el poeta maldito Leopoldo María Panero, tras tantos esfuerzos, lo ha conseguido. Se trata con Satanás. El precio (que también es la consecuencia y aun el motivo, el porqué) se describe en la coda del himno: la locura. O como Panero la define, sintetizando con maestría,“la mentira de Dios”.
by  - revistadeletras
Estanislao M. Orozco (Málaga, 1977) es Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos por la UGR y posee un Máster en Gestión del Patrimonio Literario y Lingüístico Español. Actualmente prepara el doctorado en Literatura en la UMA. Es colaborador de la revista Manual de Uso Cultural que se edita en Málaga y de la revista Rocinante, de Quito (Ecuador). Ha publicado relatos en las revistas digitales Cinosargo, Pliego Suelto y Palabras Diversas.





"Evidentemente, toda vida es un proceso de demolición" 
(F. Scott Fitzgerald) 
PANERO by La chica radioactiva

Para esta actualización he tirado de una de las familias más excepcionales del imaginario español. Por medio de la figura de Leopoldo María Panero y su poesía, podremos profundizar y avanzar para conocer lo que puede ser el inconveniente lleno de  desesperanza y abatimiento de ser considerado en vida, poeta maldito.
Si todavía no has tenido la ocasión de ver los siguientes videos, recomiendo estos para ver la trayectoria del poeta y por extensión, la vida de sus hermanos.
Para comprender ( o al menos intentarlo) la personalidad de Leopoldo María , solamente tenemos que echarle un vistazo a la película del año 1976 "El desencanto", escrita y dirigida por Jaime Chávarri y donde se desmembra las partes de la familia Panero. 


Al frente está Felicidad Blanc, madre y consorte del poeta del Generación del 36 Leopoldo Panero Torbado, patriarca de esta familia, que tras años de su muerte, deciden reunirse para grabar este documental. 
La idea, aceptada e impulsada por el hermano pequeño Michi, nos refleja a una familia de la burguesía madrileña, asentada cerca del pueblo de Leopoldo Panero en Astorga, y como entre ellos podemos intuir la decadencia del régimen franquista y de cómo se mantiene la idea de familia escondida tras la apariencia más cruel y absoluta. También será un documental en donde los hijos, (en especial Leopoldo María) tendrán algunas cuentas que ajustar con su madre. 

 "Todo goce empieza en la autodestrucción…Yo me destruyo para saber que soy yo y no todos ellos…"

Este video es la continuación de "El desecanto": "Después de tantos años",dirigida por Ricardo Franco en 1994. Los protagonistas serán los hermanos, vivo todavía Michi, nos llevará de nuevo a contar lo que ha sido una vida desdichada desde la grabación de la anterior película. Felicidad Blanc ya ha desaparecido de sus vidas murió de cáncer en el año 1990, pero seguirá estando muy presente en el video.
Si en la otra película se atreven incluso a bromear con la idea del padre muerto, llamándolo "el conejo blanco" por su parecido al conejo de Alicia, Michi sentencia al principio que lo contado en "El desencanto" era mentira, y sobre todo eso de " Éramos tan felices" haciendo referencia a la época en vida del padre. 
Para él "La felicidad no es una constante y el recuerdo no es nada bonito", "Lo que es un error es vivir, recién nacido deberías suicidarte" (...) o "Cuando se pasa cierta edad ni siquiera hay tragedia. Lo que te queda es a unos el alcohol, a otros la droga o lo que sea, o la rutina". 

Se puede ver también perfectamente los frentes abiertos entre los hermanos, Leopoldo María y Michi, frente al también poeta (quizás el que pueda resultar más antipático) Juan Luis Panero.

desencanto_por La chica radioactiva
Leopoldo-María-Panero-Felicidad-Blanc-y-Michi-Panero by La chica radioactiva

“España es un país de envidias donde no se respeta la cultura”


El poema encerrado dentro de una cabeza pide ayuda para ser descrito por el hombre. Leopoldo María Panero (Madrid, 1948) se liberó de unos ropajes pesados que entorpecían su camino hacia la vida, esa que él mismo quiere vivir alejado de cuatro paredes y una ventana hacia el infierno que lleva por título “Sobre la tumba del poema” (Huerga & Fierro, 2011). Desenlaces de cordura conquistados por el lento hilo de voz de la locura.
¿Qué tal está?
¿Yo? Bien. [Silencio] Me gusta esto porque es nuevo.
Pero usted ya ha venido más veces a la feria del libro de Madrid…
Pero no digo eso. Yo me refiero a estar aquí en la calle hablando contigo.
Entonces, se sentirá mucho más libre, ¿no?
[Silencio] Es que es mejor la calle. ¿Nos sentamos a tomar una Coca-Cola?
Vale. ¿Qué quiere?
Una Coca-Cola Zero. Bueno, mejor dos.
William Blake dijo: «si el loco persevera en su locura, termina siendo sabio».
[Repite la cita] Exacto.
En su caso, ¿busca la sabiduría?
No. «La cosa está en saber», como decía Bataille. Pero pide la Coca-Cola y ahora seguimos.
Sí, ya está pedida. Ahora viene.
[Silencio] España es el único país del mundo en el que se le pega a los borrachos.
¿Usted lo cree?
Sí.
¿Piensa que es una putada nacer en España?
Desde luego. Lo dije el otro día en un recital que di en Córdoba. En París triunfé sin haber editado un solo libro. Y aquí, con veinte libros editados de poesía y tres o cuatro más, soy tratado como un perro. Ya lo decía el cristianismo de Dostoievski…
¿Qué decía?
[Silencio] Le París, le París, le París…
¿Y aquí nada? Cuesta creerlo.
Nada, puteado como un perro.
¿No anhela el reconocimiento que hayan podido tener otras personas?
No… no sé. Igual el que tiene Wallace Stevens, que es un poeta que me gusta mucho. «El único emperador es el emperador de los helados».
De hecho, Stevens dice que «el dinero es una clase de poesía». ¿Tampoco echa de menos el dinero?
No sé para qué sirve el dinero si no es para gastárselo en vino.
¿Verdad?
[Risas]
Y seguimos esperando el Premio Nobel…
A lo mejor me lo dan en Octubre. Este año lo espero.
Bueno, hay que tener paciencia. No queda otra.
[Risas] Sí. [Silencio] Hay que comprar tabaco.

“Yo soy peligroso por decir la verdad, y la verdad duele”.
¿Cree en la verdad? En un mundo donde la mentira es un hecho habitual, la verdad se ha convertido en un acto revolucionario. 
Yo creo en la verdad y en el Apocalipsis. «Lluvia de fuego y de sangre caerá sobre la tierra».
También ha dicho usted en otra ocasión que «el loco yerra, pero no miente, pues tiene la manía de decir siempre la verdad».
Exactamente.
¿Y no teme por su vida al decir la verdad?
No. Yo soy peligroso por decir la verdad, y la verdad duele.
¿No ha matado a nadie con la verdad?
Nunca he matado a nadie. Creo que nunca.
¿Ni siquiera con la palabra?
Yo creía que mataba a esos hijos de perra de la televisión y de la radio con la palabra, pero nunca he matado a nadie. Si lo hubiera hecho, ahora habría manifestaciones contra mí.
Hombre, no creo que se manifiesten en contra suya estando como está todo…
[Risas. Levanta el puño izquierdo después] ¡¡No al poeta asesino!!
Hay gente peor contra la que manifestarse.
[Tose y escupe] Soy un viejo poeta y un asesino.
¿Eso es suficiente para lograr la libertad? ¿La quiere?
Quiero la libertad y largarme de este país de mierda. En España se puede mentir, robar y asesinar en nombre de Dios. ¡Pero ay de aquellos que meen en la calle! Desearán no haber nacido.
Incluso es fácil maldecir a Dios.
Es peligroso.
Posiblemente lo sea.
Como decía mi padre: «yo he sido transparente viajando en bicicleta». Es uno de sus poemas surrealistas.
¿Y el suicidio? Meterse o ensimismarse en uno mismo puede ser un modo de quitarse la vida.
¿Meterse en uno mismo?
Sí.
[Silencio]
Además de la desesperación.
«La destrucción fue mi Beatriz», como decía Mallarmé.
«El pensamiento es donde las palabras deben dormir mucho tiempo, con el fin de nacer nuevas y puras». Eso lo decía también Mallarmé.
[Repite la frase en francés]

“Si tuviera pensamientos de sangre en mi cabeza se moriría todo el Universo”.
¿Echa de menos algo?
Beber es lo que echo de menos. Beber, trasnochar y joder.
¿No le dejan?
No. [Silencio] Vivo una situación infernal en el manicomio. Eso es peor que la muerte. Me putean los locos porque ven que me putean los auxiliares.
Pero puede defenderse, ¿no?
¿¿Cómo?? Si no puedo ni protestar ni elevar el tono de voz.
¿No hay forma alguna?
Si trato de darles una patada me atan. No puedo hacerlo, hay correas.
Bueno, ahora está en la calle, disfrute.
Voy a intentar quedarme en Madrid, en un hostal o en alguna pensión. En Madrid no me conocen, como comprenderás. Es lo que tienen las grandes metrópolis. De alguna manera los infectos iniciarán la revolución [risas].
Pero yo creo que no hay revoluciones. Es más, después de tantos años de lucha obrera no queda nada más que el proletariado.
La picaresca y el proletariado chistoso.
Cierto, España ha perdido todas las cartas en lo que a eso respecta.
Los obreretes se repiten más que el tango [risas]. Se creen que es por la fe o por algo. Están todo el rato con lo mismo.
Ya lo ve, hablan mucho y hacen poco.
Santiago Carrillo y Nicolás Redondo se volvieron locos en una orgía de sangre en el Palacio de El Pardo.
¿Hay mucha sangre en sus pensamientos?
¡¿Sangre de quién?!
De quién sea.
Si tuviera pensamientos de sangre en mi cabeza se moriría todo el Universo [risas].
Eso es mucha gente.
Bueno, lo haría como los volcanes en un acto contra los agentes físicos. Los volcanes son peligrosos cuando estallan, pero normalmente están dormidos. El volcán de Islandia estalló por un loco. Eso lo decía una profecía de Nostradamus refiriéndose a una catástrofe en lo más profundo del occidente de Europa y relacionado con el volcán de Islandia.
Islandia es ahora un ejemplo a seguir.
Ya. Allí estallaron los volcanes y ahora también lo hace la gente, es lógico.
Mientras, es complicado encontrar una oposición, tal y como ocurre en el caso español.
ETA es la verdadera y única oposición que hay contra el Gobierno.
¿Eso es por que le planta cara al Gobierno?
[Silencio y eructo] Yo estuve colaborando un año con el Egín. Me pagaban mil pesetas por artículo para hablar sobre el Rey Juan Carlos.
Interesante.
[Risas] ¡Gora Euskadi askatuta! Viva la inteligencia y viva la muerte. Al revés que en la vida. Eso lo escribí en un artículo que se titulaba “La mirada triste del Anticristo”.

“Creo en la literatura, pero no creo en la clase obrera, y menos en la clase obrera española”.
También escribió “Edgar Allan Poe, o el rostro del fascismo”.
Sí. Yo dije que a Poe lo utilizaron para unas elecciones trucadas, mientras que a mí me utilizaron para un golpe de Estado.
Si no me equivoco, fue su propia madre la que le utilizó para perpetrar el golpe de Estado.
No… bueno, mi madre también. Pero no sólo me obligó ella, sino medio mundo.
¿Y quiénes, si puede saberse?
Tipejos repugnantes de la calle.
Entonces, esa gente le conocía.
No. No me conocían de nada. No soy famoso y ellos son gente repugnante.
¿Fue al azar, tal vez?
No, no fue al azar. Sobre eso tengo un poema que dice: «y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada de demonio o de dios debo mi ruina has de saber que no fue por matar al pelícano sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada de demonio o de dios debo mi ruina».
Muy bonito.
Sí, lo recitaba en la película “El desencanto”, que es la que más me gusta, con música y colorines…
¿No le gustaría hacer más películas?
No, porque los tíos del cine están com cabras montesas. Jaime Chávarri oye voces.
Al final, Panero, todos estamos locos.
Sí, pero desde la orgía de sangre lo estamos mucho más. Felipe González, incluso, dice que tiene un par de esclavos… o no sé qué cosas.
Ellos, los políticos, además de locos, están manchados de sangre.
Aparte, el golpe de Estado fue consentido. Con Mariano Rajoy tenían el presentimiento de que iba a durar un minuto.
Pues está durando más de un minuto.
[Risas]
¿Cree en la anarquía? Aunque me consta que usted es apátrida.
Creo en la literatura, pero no creo en la clase obrera, y menos en la clase obrera española. Creo en el anarcoindividualismo, no hay nadie por encima de mí.
Por eso le pueden tachar de egoísta.
Pues es una virtud para mí. ¿Puedes pedirme otra Coca-Cola Zero y un sándwich de lo que sea?
De acuerdo, ahora viene.
Llevan diez años envenenándome…
Sobrevivió a cuatro botellas de vodka y otras cuatro de estricnina en vena.
Sí. Eso fue en la sala de medicina interna del hospital de Guipúzcoa. Cuatro botellas de vodka y cuatro de estricnina en vena. Y el puño cerrado.
Pero sobrevivió.
Es que me rescató un masón. Los masones queríamos llevar a juicio al Rey, programar la República y abolir las bases nucleares yanquis por orden de la CIA.
¿Tuvo mucha culpa la CIA de lo que le pasó?
Sí. La CIA es la responsable de todo este asunto. Querían meter policías en el manicomio para que todo el mundo se creyera que no era verdad.
Es suficiente que perdure en su memoria. Ya lo dijo Gimferrer: «Vidrio al rojo crisol de la memoria en abanico abiertas las imágenes».
No conocía ese poema de Gimferrer. Es un poeta que me gusta y es un gran amigo. ¿Te importa si voy un momento al cuarto de baño? [Risas. Vuelve cinco minutos después]

“Más que incómodo, soy molesto”.
¿Trasnocha usted mucho?
No, no puedo. Me tengo que acostar después de cenar y me obligan a dormir. No puedo ni despertarme por la noche para darme una vuelta ni nada.
Es horrible.
Es un infierno. En Mondragón se pasaron conmigo, pero no tanto como en el de ahora. Aunque en Mondragón se inventaron lo del veneno porque si yo aparecía cosido a balazos tenían que enviar una foto mía cosido a balazos a El País. Así que además de las balas tenían que darme el veneno.
Querían matarle.
Querían matarme, sí.
También quisieron matarlo en Francia.
Sí, con un lanzallamas.
Si le quieren matar es porque le conocen, ergo quieren algo de usted.
No sé. Es un crimen absurdo e inconsentible. Por lo visto, no es que sea demócrata, es que soy la democracia [risas]. Por eso lo de Alfred Dreyfus no tiene mucho sentido. En Francia no tendría sentido.
Bueno, en Francia le cortaron la cabeza a su rey.
No. ¿A qué rey?
A Luis XVI.
Pero en Francia ya no hay pena de muerte.
Claro, ahora no. ¿Habría que cortarle la cabeza a Juan Carlos I?
Nacen Borbones, se crían bribones y se mueren bobones.
Quizá la razón por la que quieren liquidarlo es porque resulta una persona incómoda para la política.
Más que incómodo, soy molesto.
Pero ser molesto puede ser bueno… a veces.
No. A mí me gusta vivir.
Puede firmar una tregua…
No me fío. A Rasputín lo envenenaron una noche con cianuro a puerta cerrada.
¿Y cómo lo van a envenenar a usted?
En público. Y me envenenan ya, no es que me vayan a envenenar.
Aunque tiene planes por quedarse en Madrid, me pregunto si le darán permiso.
Están locos porque me vaya.
Lo mismo le dejan tranquilo cuando le den un premio.
Ojalá.
¿Y si se lo dan después de muerto?
Si es así, no lo quiero. Encima me van insultando por la calle.
¿También?
Sí. Una gentuza que no sabe nada de mí. Me dicen de todo.
Pero usted no haga caso a esos insultos.
Hombre, no hago caso, pero me duele.
Nada. Esa gente no conseguiría ni en cien vidas lo que usted ha logrado.
Es que España es un país de envidias donde no se respeta la cultura.
Y mediocre.
También. Un país mediocre lleno de fracasados. Me gustaría irme a París, pero a lo mejor consigo un viaje a Italia en la segunda mitad de este mes. Me van a traducir al francés un libro que se llama “Agujero llamado Nevermore”. También van a traducir una antología en otra editorial francesa.
Si es suficiente para que usted sea feliz… adelante.
Como decía Pessoa: «en el tiempo en que festejaban mi cumpleaños yo era feliz y nadie estaba muerto».
Seamos, entonces, felices sin matar a nadie.
Tengo un poema que dice: «dime ahora, payo al que llaman España si ha valido la pena destruirme bañando con tu inmundo esperma mi figura. Tus ángeles orinan sobre mí. San Pedro y San Rafael en una esquina comentan mientras avanzo borracho sobre esa piedra, payo, que llaman España».
¿Se ha sentido traicionado como para tener que marcharse?
No… pero me toman por gilipollas.
Bueno, podrá perdonar a los franceses que le quisieron matar si va finalmente a París.
En Francia me intentaron matar una vez, pero no toda la eternidad. No perdonan ni condenan.
TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

FOTOS: SARA DEL CASTILLO.

Publicada en Jot Down by charlyhv




Felicidad Blanc de Panero, madre del poeta Leopoldo Panero, en una foto de 1976 by MARISA FLOREZ

-El desencanto- 

la película sobre los Panero

Los Panero forman una de esas sagas literarias patrias cuyos padres, hijos y hermanos se mueven en varias ramas de las letras. Lo que destaca esta saga sobre el resto es el documental El desencanto. Dirigido por Jaime Chávarri y publicado en 1976, es un documental desgarrado que desmonta el mito lírico de los Panero:
Cubierta de El desencanto
Cubierta de El desencanto
Los protagonistas de la película son Leopoldo María Panero, el autor de nuestro libro, su madre Felicidad Blanc, y sus dos hermanos: Juan Luis Panero y Michi Panero. Además hay otro protagonista desaparecido: Leopoldo Panero, padre muerto. La película y la familia puede resumirse con una frase inicial de Michi (minuto 8 segundo 22):
“todo lo que yo sé sobre el pasado, el futuro y sobre todo el presente de la familia Panero es que es la sordidez más puñetera que he visto en mi vida”.
Amén.
Los protagonistas hablan de su fin de raza, no solo literario sino también biológico, ya que los protagonistas se piensan estériles. Los reproches van subiendo de tono mientras las conversaciones fluyen, incluidos el alcoholismo, enfermedades mentales, traumas o su educación.
Miremos con detenimiento a cada uno de los Paneor:
Felicidad Blanc: viuda en la encrucijada entre la clase alta económica y cultural de la que proviene y el deseo de querer integrarse entre la generación de sus hijos. Relata cómo su marido la ignoró: desde una luna de miel compartida con amigos poetas hasta peticiones de que al pasear fuese cada uno por un lado. Mención aparte merecen los celos contra Luis Rosales, el verdadero compañero vital de su marido. Se siente defraudada y está resentida, muy resentida: “la época mejor de nuestra vida nunca se realizó” (minuto 29, segundo 20). Una de las escenas más sádicas del documental es la que Michi le recuerda (minuto 31) a su madre que una vez, cuando eran pequeños, ella metió unos perritos recién nacidos en una caja, llevó a sus hijos y a los perros a un puente y tiró los perros al agua para que muriesen. Los hijos, principalmente Michi y Leopoldo, le hace un repaso total a sus métodos de educación y cómo respondió a sus intentos de suicidios y drogas, por lo que la acusan de cobarde y de haber sido una madre catastrófica.
Leopoldo, Felicidad y Michi paseando by docelibros
Leopoldo Panero: padre muerto contra el que la familia apunta y dispara y quien no se puede defender. Le echan en cara que su muerte haya significado un pérdida de nivel económico y posición social. Michi señala que la familia Panero lleva muchas generaciones con incapacidad para el trabajo. Descrito como borracho, sus hijos le llaman “Conejo blanco”, por parecerse al personaje de Alicia.
Juan Luis Panero: es el príncipe poético destronado. Destronado porque el reino Panero ha sido descuartizado y porque su hermano, Leopoldo María, le ha arrebatado el derecho el trono. Su madre admite que él sustituyó a su padre muerto. Juan Luis incluso acepta que le excitó la idea de que pasaba por ser el gigoló de su madre. Jaime Chávarri comenta que Juan Luis era el que menos quería participar en el documental, por lo que se creó un personaje de bufón de la torre de marfil.
Michi Panero: es el menos poético y más estable de todos. Sirve de principal narrador y voz que guía la película: es por el que más simpatía sentimos.
Michi Panero by docelibros
Leopoldo María Panero: durante buena parte de la pelcíula Leopoldo María no es una persona; para su familia es un tema: “el problema de Leopoldo”. En el minuto 49 habla por primera vez Leopoldo, con su voz gutural, flotando entre escenas de descripciones de sus suicidios. Su profesor decía (minuto 54) que Leopoldo podía ser todo o no podía ser nada. Algunas de las escenas más entrañables de la película son el recuerdo de travesuras de Leopoldo en el liceo italiano; por ejemplo en una ocasión vende entradas por el colegio para una clase, así que muchos niños y algunos trabajadores del colegio fueron a asistir a la clase con su ticket en mano. 
by docelibros
El  pequeño Leopoldo María Panero by docelibros
El  joven Leopoldo María Panero by docelibros

Fragmentos de "El Desencanto" de Jaima Chávarri



Variante letraherida y astorgana de Los Monster, los Panero sirvieron de emblema propicio de la Transición española. Aquellos niños bien que aireaban los trapos sucios de la familia y se burlaban de su padre muerto simbolizaban a la perfección el asesinato freudiano de la dictadura, la caída estrepitosa de una época, el ajuste de cuentas con el pasado reciente de cuarenta largos y oscuros años de franquismo. Una nueva generación, algo pasada de drogas y literatura, escupía a la cara de sus padres sin el menor recato. La alegoría era demasiado fácil para ser puesta en cuestión aunque, como todo simbolismo, se amparase en la mitología.

El desencanto, el documental sobre la familia Panero dirigido por Jaime Chávarri y producido por Elías Querejeta, supuso un tremendo escándalo en el momento de su estreno, pocos meses después de la muerte deFranco. El morbo fue tal que se mantuvo en cartelera varios meses seguidos, al menos en Madrid y Barcelona, y se convirtió en foco de atención de los periodistas. Incluso los hermanos Panero llegaron a recibir cartas anónimas amenazadoras. Vistas ahora, tanto la película como la polémica resultan un poco ingenuas, diríamos que naïf con ciertos toques kitsch. Lo que entonces parecía una orgía irreverente de improperios y blasfemias ahora semeja un juego de niños comparado con cualquier reality show o programa del corazón de la sobremesa. La sociedad degenera (se curte o se envilece) y los escándalos de antaño son hoy una minucia cotidiana. Esto no impide que la sensación al ver la película siga siendo de extrañeza, una mezcla de incomodidad y fascinación, de melancolía y atracción decadente, que nos deja pensativos. Es inevitable: cuando una frase comienza con la expresión “a raíz de la feliz muerte de nuestro padre…” un escalofrío nos recorre el espinazo. Los muebles de la casa de Astorga, las fotos antiguas, ese pasado ilustre empañado por el polvo del tiempo, los coqueteos con la locura, las ruinas de Castrillo de las Piedras, la permanente sombra alargada de lo literario… Todo aporta su punto de belleza vacilante, efímera, quebradiza.

Decía Tolstoi al comienzo de Ana Karenina que todas las familias felices se parecen entre sí pero las infelices lo son cada una a su manera. No conocía el conde ruso a la familia Panero, que llegaría después para romper todos los moldes tomando el camino irreversible de la autodestrucción. “Todo lo que yo sé sobre el pasado, el futuro y, sobre todo, el presente de la familia Panero es que es la sordidez más puñetera que he visto en mi vida, que son todos una panda de memos, desde las tías a los famosos tatarabuelos” sentencia el hijo pequeño, que añade que los miembros de la rama paterna suelen ser gritones, tienen mal vino y están incapacitados para el trabajo. Locos, alcohólicos, drogadictos, poetas malditos, malditos poetas, esquizofrénicos, paranoicos… en la familia Panero no faltaba de nada. Lo mejor de cada casa. Quizá sólo echa uno de menos a una hipotética hermana Panero, de elegancia sofisticada como la madre y excéntrica como los hermanos, que seguramente nos habría enamorado a todos.

Más raros que un perro verde, los Panero componen un álbum familiar exquisito (con esa exquisitez inconsciente de los cadáveres surrealistas): una troupe inverosímil que juega al fin de raza astorgano, representando sus papeles estelares de manera contumaz, como si protagonizasen una tragedia griega. Más desmitificador fue, por su parte, el poeta Claudio Rodríguez, que en una carta a la madre concluyó: “Sois unos señoritos de Astorga y nada más”.

Cinco son los personajes principales del drama:

1) Leopoldo Panero (1909-1962), el padre. El gran ausente, del que todos hablan (mal) sin que nadie lo defienda. Considerado el “poeta oficial del franquismo”, su obra ha caído en el olvido, aunque para algunos es el poeta más auténtico de la estirpe. Orteguiano, de izquierdas y vanguardista en sus comienzos, en su madurez se orientó hacia una poesía intimista de corte clásico, siguiendo la estela de UnamunoMachado Juan Ramón Jiménez. Dice Andrés Trapiello en su prólogo a la reedición de Escrito a cada instante (primer libro publicado por Panero, en 1949, por el que recibió el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio Nacional de Literatura) que se trata de “un conjunto de poemas de hondísima raigambre religiosa y líricos hasta la exaltación romántica, de una dicción castellana y límpida que contrasta con cierto verborreísmo gongoroso, heredado de la degeneración de la generación del 27 (o de la generación de la degeneración del 27)”. El hombre del misterio, como lo llamaba Laín Entralgo, se movía por la vida con aires de diplomático inglés. Durante la guerra civil fue detenido por los nacionales, acusado de pertenecer al Socorro Rojo.

Amigo de César Vallejo, en la posguerra publicó un Canto personal en respuesta al Canto general de Pablo Neruda, irritado por los insultos que éste había dedicado a sus amigos Dámaso Alonso y Gerardo Diego (“hijos de perra, silenciosos cómplices del verdugo”). Escribió su airada respuesta a impulsos de ginebra en una terraza de la calle Narváez, viendo pasar los coches a través de unas gafas de sol. Ya muerto, sus hijos le llamaban el Conejo Blanco por el parecido de su sonrisa con la del personaje de Alicia en el País de las Maravillas. Su hermano Juan, que falleció en un accidente de tráfico en 1937, también era poeta.

Como dice en un precioso verso de su Epitafio, murió acribillado por los besos de sus hijos.
2) Felicidad Blanc (1913-1990), la madre. Altiva, elegante, sofisticada, clasista, con ciertos tics de malvada. Niña bien que paseaba por La Castellana (calle arriba, calle abajo, por la acera de la derecha y de la izquierda), esquiaba en la sierra y jugaba al hockey. Guapísima. Leopoldo Panero le dedicó unos versos y ella se enamoró… más de la poesía que del poeta. Presunta culpable de todas las desgracias de la familia a causa de su mitificación de la literatura, aunque afirmar eso sea una flagrante injusticia, pues todos le hicieron la puñeta. Cuando su hijo Leopoldo María le echa en cara en El desencanto que lo metiese en un sanatorio simplemente por fumar grifa, recuerda la frase antológica que dijo ella por teléfono a un familiar: “Lo peor no es que se haya suicidado, lo peor es que se droga”. Entonces interviene Michi para darle la puntilla: “Hay cosas muy asimilables dentro de tu cultura de literatura rusa y de amaneceres en Manuel Silvela, pero no asimilas que un señor se suicide o se drogue. Eso ya entra dentro del capítulo bata blanca”.
A veces parece Cruella de Vil o la bruja de Blancanieves, sobre todo cuando se ríe al recordar la muerte de unos perritos, a los que metió en una caja con agujeros que luego lanzó al río en presencia de sus hijos (“pensaba que el rato antes de matarlos iban más a gusto con la caja llena de agujeritos”, “es dulcificar los últimos momentos de un condenado a muerte”).
3) Juan Luis Panero (1942), el hermano mayor. Como personaje, resulta el menos agraciado e interesante de todos, a gran distancia del resto. Incluso cae un poco mal. Con acento mexicano y ademanes ridículos, va presentando sus fetiches en El desencanto, entre ellos un sombrero del Oeste, una navaja, varias fotos de escritores y la pluma de Agustín de Foxá. Poeta culturalista y metaliterario, es muy recomendable su Poesía completa (1968-1996), publicada por Tusquets. Si a Felipe Benítez Reyes le gusta tanto, por algo será.
4) Leopoldo María Panero (1948), el último poeta maldito. El más joven de los nueve novísimos. Se consideraba a sí mismo el pesanervios de Antonin Artaud. Ojos de mapache (hondonada sombría de las ojeras), boca abierta, descolgada, de babeante en tratamiento, cara de tortuga, andares de tortuga. Fuma compulsivamente y bebe coca-cola light. Panero, esa tortuga que fuma.
Este “señorito sablista de Astorga” (Jaime Gil de Biedma dixit) acabaría siendo devorado por su personaje. Desde pequeño ponía cara de trance y se decía inspirado; autodenominado “poetiso”, improvisaba discursos y declamaba versos ante las visitas de papá y mamá con voz campanuda. El que de niño se disfrazara de Capitán Marciales descubriría la figura de Verlaine y quizá no abandonaría nunca más el disfraz. Su gran ídolo sigue siendo Peter Pan, aunque en este caso el niño que no quiso crecer prefiriera encerrarse en un manicomio de por vida, en vez de exiliarse al País de Nunca Jamás: “Me he prohibido todas las emociones, porque sufriría mucho. Nadie quiere a un loco. Qué solos se quedan los locos…”. “Me veo monstruoso. Aplasto los cigarrillos en el suelo, como si fuesen niños”.
Unos lo consideran el poeta más grande de las últimas décadas; otros creen que es más personaje que autor. No se sabe dónde termina la ficción y dónde empieza la realidad, seguramente porque están solapadas. “Tan pronto estoy loco como estoy cuerdo”; “En definitiva ser loco o no ser loco es tener o no tener amigos”; “Sólo soy a ratos”; “Yo seré un monstruo, pero no estoy loco”. Leopoldo María se propuso ser un poeta maldito, el último de la historia, ejerciendo full time, como si se tratase de una profesión liberal cualquiera, y tuvo que apechugar con las consiguientes incomodidades o arideces: volverse loco, ir de manicomio en manicomio (recorriéndose toda la Península, hasta acabar en las islas Canarias), sufrir los estragos de la medicación, dejarse violar por otros enfermos por un paquete de tabaco, etc. Lo que se dice una vida bastante perra. Cuando se queja de que sus hermanos no van nunca a verle al psiquiátrico, conmueve realmente. Contagia la pena. “A Michi le quiero un poco, y a Juan Luis también le quiero un poco, pero en fin… Seis años sin que vengan por lo menos un día a traerme chocolatinas… Eso no se comprende, joé…”. Si a alguien le queda la duda de si está loco o se lo hace, basta con escuchar su risa para confirmar que sí, que está como una regadera. Desconfiado y conspiranoico, dice sufrir la persecución de la Familia Real y la CIA. Su Poesía completa (1970-2000), en edición de Túa Blesa y publicada por Visor, es uno de los libros fundamentales de la poesía española contemporánea.


5) Michi Panero (1951-2004), el hermano pequeño. También conocido como el hombre al que casi conocióNacho Vegas. Irónico, agudo, entrañable, seductor, descreído, el más lúcido de todos, con esa inteligencia destilada del fracasado, con ese nihilismo atroz del que va coleccionando derrotas, con esa insolencia pesimista de quien ha visto la realidad más descarnada y no se pone tiritas, es, con diferencia, el que mejor nos cae de la familia. La idea de El desencanto la tuvo él, y fue él quien escribió el guión. Es él, por tanto, el creador del mito de Los Panero, aunque después lo detestase con todas sus fuerzas. Apuró las heces de la noche madrileña en la época de la Movida: se bebió hasta el agua de los floreros, después de fumarse todos los estancos y ligarse a las más guapas. Vivió sin dar palo al agua, fundiéndose la herencia. Es el único Panero que no quiso dedicarse a la literatura.
Así definía Leopoldo María a los tres hermanos: Juan Luis, el paranoico desagradable; Michi, el esquizofrénico encantador; y él, el chivo expiatorio de la familia (“me han convertido en el símbolo de todo lo que más detestaban de ellos mismos”).
Lo peor que se puede ser en la vida es coñazo”
En Después de tantos años, la segunda parte del documental, dirigida por Ricardo Franco en 1994, cuando ya había muerto la madre, Michi se destapa como un lúcido Cioran de la vida noctámbula y lo demuestra con lo que podríamos llamar sus “monólogos de la tragedia”:
Cuando se pasa cierta edad ni siquiera hay tragedia; lo que te queda es a unos el alcohol, a otros la droga… Y la rutina.
— El recurso a la nostalgia es lo más fácil. Decimos que lo de antes era bonito, pero no lo era. Te lo inventas, quizá para ocultar que todo ha sido un fracaso, ni más ni menos. Ni era bonito entonces, ni es bonito ahora, y posiblemente sea mucho peor pasado mañana.
— La memoria es lo peor que hay: te recuerda que cada día eres más viejo, que cada día estás más cerca de la muerte. Te recuerda que te estás muriendo día a día… Qué profundo me pongo.
Canoso, renqueante, envejecido, esteta diletante, dandi en decadencia, aquejado de cirrosis y polineuritis crónica, pronunció el más agudo alegato que se ha escuchado contra la mitificación de la literatura:
— ¿No habíamos quedado en que la familia no existe? Pues que vayan ellos, que tanto les interesa la literatura. A mí no me interesa la literatura, ni la familia, ni ellos. Por este orden: me interesa mi perra, y punto, y sobrevivir mal que bien.
— Lo peor que se puede ser en este mundo es coñazo, y mis dos hermanos son un coñazo que me han torturado toda la santísima vida con la historia de la literatura y con sus personajes literarios… ¡Anda y que me dejen en paz!
— Y no te puedes poner literario, porque cuando estás en una cama de hospital y te dicen “pues mira, te vas a quedar paralítico”, por mucha literatura que le eches te vas a quedar paralítico.
Murió en 2004, tras una larga y penosa enfermedad. Lástima que no llegara a dictar sus memorias. Sus hermanos aún viven.

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Los Panero, un fin de raza literario (y II)
Empieza El desencanto con la inauguración en Astorga en 1974 de la estatua en homenaje a Leopoldo Panero. Suena la trompetería psicodélica, descacharrada, de una banda municipal, entre la marcha militar y el desafine místico de los pasos de Semana Santa. Asisten al evento las fuerzas vivas del lugar y la ciudadanía en pleno, que se agolpa tras las vallas. Entre el respetable se atisban niquis exiguos, patillas, pantalones de campana y gafas oscuras como de torturador pinochetista, que diría Savater. La moda inefable de los setenta. También atraviesan el encuadre un guardia vestido de blanco —casco incluido—, un alabardero con su cetro y un grupo de niños embutidos en sus trajes folclóricos. La cabeza de la estatua permanece tapada por la bandera.


Leopoldo-María-panero-by Álvaro-Delgado

En el lugar preferente de los invitados ilustres, aguarda el momento de pronunciar su discurso laudatorio el poeta Luis Rosales, ignorante de la que se le viene encima. Sólo los miembros de la familia Panero, en primera fila, con cierta cara de circunstancias, de papelón incipiente, son conscientes de la venganza parricida que se está fraguando. Amigo íntimo del homenajeado, compañero inseparable de su vida y de sus juergas, será Rosales la víctima colateral más sangrante de la película. Felicidad Blanc se quejará de su presencia constante en sus vidas, interfiriendo en la marcha cotidiana del matrimonio: sus chistes, sus risas, sus canciones, sus poemas leídos en alta voz, esa tos característica que anunciaba su llegada tras la puerta… Es difícil imaginar la humillación de este hombre el día del estreno de El desencanto en el cine Palace de Madrid, sentado en una butaca junto a la misma señora que le agraviaba desde la pantalla. La misma que, en un alarde de crueldad suprema, había entrado en la sala cogiéndole del brazo: “Ven, Luis, que te va a encantar la película”.

A la retórica rancia y hueca del presentador del evento, como recién salida del No-Do (“excelentísimos e ilustrísimos señores y señoras”), siguen los recuerdos lánguidos y un poco cursis de la viuda, adornados, cómo no, con referencias literarias: “La provincia representaba Madame Bovary leída en la terraza de mi casa durante la guerra, con las balas cayendo a mi alrededor, los relatos de AzorínBarojaLa canóniga…”. Después, sentados a la mesa de un jardín, conversan Juan Luis y Michi, moviendo nerviosamente manos y cabezas como dos muñecos de guiñol. Gestos histriónicos y palabras tartamudas, con acento raro, entre la verborrea y el pijerío. Sobreactuados en su papel de sí mismos, es la escena menos natural de toda la película. Se pisan al hablar, solapan sus intervenciones, no se escuchan. Mientras Michi recuerda el impacto que supuso el momento en que se dio cuenta que su compañero de juegos —Leopoldo María— se había convertido en un ser raro, aparece éste caminando despacio entre las tumbas de un cementerio, cabizbajo, meditabundo, con el flequillo cayendo sobre la frente y las manos metidas en los bolsillos del abrigo, impecable en su papel de poeta maldito.

Hasta pasada la mitad del metraje no pronuncia palabra Leopoldo María, que irrumpe tomando unas cañas en la barra de un bar, desgranando su discurso, más teórico que práctico, trufado de citas; demuestra una potente memoria y una vastísima cultura libresca, dos características que lo acompañarán siempre: Yo me destruyo para saber que soy yo y no los otros. Todo goce comienza en la autodestrucción. En la infancia vivimos y después sobrevivimos. (“Leopoldo siempre está con las frases… ¡Mala literatura!”, apuntillará Michi años después).

Frente a la leyenda épica, que es como llama Lacan a las hazañas del yo, dice LMP que la verdad de su familia es una experiencia bastante deprimente, sobre todo a causa de un padre brutal, alcohólico, y una madre cobarde que le metió en sanatorios porque fumaba hachís. El silencio, el disimulo, el fingimiento, el no hablar las cosas y mirar para otro lado como si no ocurriera nada, junto con la obsesión por el qué dirán, son para él las causas profundas del mal endémico de la familia: “Mi madre nos condenó a todos al alcoholismo por el ahogo. Ahogaba porque no hablaba de lo que estaba pasando”. Para la lógica psicoanalítica siempre hay una buena excusa a mano.
O todo o nada, y los chinos por televisión
Leopoldo puede ser todo o nada”: eso es lo que le dijo a Felicidad Blanc un cura del Liceo italiano después de que el precoz niño intentara demostrarle la inexistencia de Dios. Parece claro que, entre el todo y la nada, Leopoldo tomó partido por esta última, y se dedicó toda su vida a rondarla, dibujarla, perseguirla (El contorno del abismo, tituló J. Benito Fernández su biografía de LMP). La leyenda de su personaje se iría forjando a base de excentricidades y rarezas, a cual más inverosímil, desde su más tierna infancia.
Por fortuna, alguna vez se dejaba salvar por la autoparodia, como el día en que su madre llegó a la casa y se encontró con que Leopoldo estaba desnudo en la ventana del despacho con un orinal lleno de agua, cuatro velas ardiendo y un círculo de tiza en el suelo. La madre le preguntó:
Pero Leopoldo, hijo, ¿qué estás haciendo?
Pues no lo ves: el ridículo.
A los 18 años tuvo su primer intento de suicidio —“de opereta”, según él mismo cuenta— en una pensión de Barcelona. Ya tenía una hilera de valiums dispuesta encima de la cama cuando irrumpió una andaluza fisgona de la pensión y le dijo: “¿Pero es que va usted a hacer lo mismo que la Marilyn Monroe?”.
Sus peripecias de mendigo esquelético y desdentado por París, sus fiestas en Villa Vomitona (que era como llamaba Michi al piso de Ibiza 35), sus pendencias en garitos del Madrid de la Movida como el Cock, el Dickens o el Santa Bárbara (los ochenta, esa época en que a los bares aún se les llamaba garitos), el día en que condujo a una manifestación hacia un callejón sin salida, la vez en que visitó la casa de Félix Guattari con una bolsa de basura en la mano, etc. El anecdotario leopoldino daría para escribir una enciclopedia del disparate, pero para ello ya están sus hagiógrafos e incondicionales. Como bien sabía Michi, sólo hay una cosa más coñazo que un poeta maldito: sus seguidores. Son como los que les ríen las gracias a los monarcas, a los tenistas o al director del concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, pero a otro nivel.
Al igual que ocurrió con Arrabal y su famoso milenarismo, Leopoldo hizo tambalear frente a las cámaras —con su metralla de autocitas, heterocitas y cistitis (se iba a mear a cada rato)— la paciencia infinita de FernandoSánchez Dragó. En ambos casos, Dragó tuvo que adoptar un papel más de niñera de guardería que de entrevistador de malditos. Además de entonar una canción de Julio Iglesias, en aquel programa Leopoldo dejó constancia de su mejor humor absurdo, surrealista: “Si saliera del manicomio de Canarias con vida me gustaría irme a un fumadero de opio en Hong-Kong, a ver si los chinos decían por televisión: Panero, no mates más”. Cuando Dragó le enseña una foto de su madre, primero dice en broma que se parece a Gracita Morales, pero después se pone muy serio y sentencia: “De buena nunca tuvo nada”; “Sabía que me querían matar en el manicomio de Mondragón”; “Como lo llamaba el gilipollas del doctor Oliveros, mi relación con mi madre era de doble vínculo, amor y odio; una parte de mí la quería mucho y otra parte la odiaba, por los manicomios precisamente”.
No sabemos, en definitiva, cuál es el verdadero LMP: si el niño inocente y trágico que aparece en el retrato que le hizo Álvaro Delgado de pequeño, como un pierrot triste de la época azul de Picasso, o el ser enloquecido y atormentado que aparece en otro cuadro del mismo pintor cuarenta años después, como un monstruo difuminado e hiperactivo de Francis Bacon. Seguramente sea una mezcla de los dos, habitando siempre en el mismo cerebro, en permanente lucha.
Quizá lo mejor, en este caso, sería seguir al pie de la letra el consejo del propio LMP y hacer abstracción de su personaje: “Que no usen mi torpe biografía para juzgarme. La literatura no es un modo de vida” (El País, 2 de septiembre de 1984).
Silogismos de la amargura
En Después de tantos años Michi Panero ya no es ese chico de 23 años “huérfano y muy mono” que se proclamaba perrito de testigo mudo y servía de hilo conductor de la acción, sino un anciano prematuro que ha recibido bastantes palos en la vida y que no deja títere con cabeza en sus soliloquios devastadores. Aquel niño de 11 años que, a la muerte su padre, se pasó tres días llorando y persiguiendo a la gente para decirle: “¡Éramos tan felices!”, reniega ahora de la nostalgia: “Siempre se mitifica el pasado. Me parece muy legítimo, porque todos tenemos derecho a defendernos de la vida… mejor dicho, de los recuerdos”.
Ya de joven mostraba una absoluta indiferencia ante la verborrea intelectualista de sus hermanos (“¡Me es igual!”) y afirmaba dedicarse a vaguear todo el rato, tanto como pudiera o le dejaran. Fue el único que no se dejó embaucar por la literatura, si bien escribió algunos cuentos, de calidad bastante dudosa, y numerosos artículos. Colaboró con El País y Diario 16, y los últimos años llevaba una columna de crítica de televisión en la revista La Clave de José Luis Balbín.
Frente a la profunda cultura libresca de Leopoldo María, Michi compendiaba la sabiduría cáustica de la experiencia, de la calle, de los pubs… en sus “silogismos de la amargura”:
—Llega un momento en la vida en que te das cuenta de que todo se ha destruido, que has caído en el derrumbe. Que no se puede achacar a grandes dramas ni a muertes ni a tragedias ni a hecatombes. Son todas las pequeñas cosas que han ido destrozándote la vida, son golpes pequeños, que no se notan. Los golpes cotidianos son los que acaban envejeciéndote.
—Lo que es un error es vivir, deberías suicidarte de recién nacido.
Mis hermanos viven desgraciadísimos viviendo lo que han elegido, que es la literatura.
—Tengo el pelo blanco, estoy muy cascado, he estado dos veces a punto de morir, me he quedado medio paralítico, acabaré vendiendo cerillas en la Gran Vía…
—Se me han muerto muchísimos amigos de mi generación, con muertes muy trágicas y jodidas, hay gente que se ha suicidado desesperada, se ha tirado a un puente o se ha puesto en una vía.
—Llega un momento en que dices: “Ya basta ¿no?”. Encima te quitan beber, tienes una mujer que te pega, ganas poco, no te pagan los artículos, escribes mal, envejeces mal, te quedas paralítico… ¿bueno, y qué más?
Después de tantos años termina con el reencuentro de los dos hermanos pequeños. Es un final emocionante, lo mejor de una película fallida (gran error la música, molestísima) que no consiguió alcanzar las cotas de El desencanto. Después de haber estado toda la película metiéndose el uno con el otro, se les ve contentos con el reencuentro (sobre todo a Leopoldo). Hablan, se ríen, hacen bromas… Están a gusto. Vuelven a ser un poco los mismos que cuando eran pequeños, aunque ya nada sea igual. Parece que, al final, la familia sí existe, pese a todo. No se puede escapar de aquello en lo que se nació. Hay un fatum inevitable.
Michi, que apenas puede sostenerse en pie por la enfermedad, camina por los campos de Castrillo apoyado en el hombro de Leopoldo, su antiguo compañero de juegos.
De compras con un poeta maldito
Para terminar este boceto de retrato de familia, reproduciré una historia real que viví hace unos años, tal y como aparece en el libro Ciudades en fragmento. Totalmente verídica (lo juro).
Tendría yo unos veinte años. Era media tarde. Acababa de ver en vídeo con mi hermano Después de tantos años, la segunda parte del documental sobre la familia Panero. Salí a la calle para cortarme el pelo. Cuál sería mi sorpresa cuando, al pasar por El Corte Inglés de Princesa, veo salir por la puerta a Leopoldo María Panero. Sí, allí estaba, en carne y hueso, el mismo personaje que acababa de ver —tan mitificado, tan literario, tan truculento— en el largometraje de Ricardo Franco.
Seguramente, si no hubiera visto cinco minutos antes aquel documental, ni se me hubiese pasado por la cabeza acercarme a Panero, pero como tenía tan recientes aquellas imágenes del poeta maldito (sobre todo las del final, cuando Leopoldo se acerca al lugar en que está sentado su hermano Michi y se ponen los dos a pasear por el cementerio, satisfechos con el reencuentro después de haberse menospreciado durante toda la película) me planteé rápidamente la situación y sopesé los riesgos: desde luego, este hombre no está muy bien de la cabeza y nunca se sabe cómo puede reaccionar alguien así. Lo mismo se quiere casar contigo que te manda a la mierda o te da un mal golpe… Pero su apariencia era tan frágil, tan desvalida, tan tierna, que no había nada que temer.
Iba solo, mirando al suelo, fumando un cigarro. Lo que más me llamó la atención es lo limpito y bien vestido que iba el tío, hecho un pincel, con el pelo canoso perfectamente cortado al cepillo. Caminaba despacio, en dirección hacia plaza de España.
Me puse a su altura. Me acerqué y le dije, con mi educación habitual:
Perdone, ¿es usted Leopoldo María Panero?
Fue como si le despertase de su empanado mundo de ensueño:
—Eh, sí…
Miraba sin mirar, como quien tiene miedo a algo que no sabe descifrar.
—Es que… bueno, he leído algunos libros suyos y me gustan mucho…
—Ahhhh, gracias… —me dijo sin mirarme, como si no le importase lo más mínimo. Su voz era más un balbuceo gangoso que un lenguaje articulado. De pronto, maquinalmente, se giró hacia mí y me espetó—: Oye, ¿puedes hacerme un favor?
—Sí, claro…— contesté, sorprendido.
Yo ya empezaba a temerme lo peor. A ver qué favor me pedía ahora éste. Lo mismo acababa metido en un lío de drogas o me hacía una proposición indecente, qué sé yo. ¿Quién me habría mandado ponerme a hablar con un loco?
—¿Sabes dónde está Sara?— me preguntó.
—¿Cómo?
Pensé que ya estaba delirando. Seguramente se había escapado del psiquiátrico y no había tomado la medicación.
—Que si sabes dónde está «Zssara», que me han dicho que está por aquí…
—Ahhh, ¿Zara? Sí, creo que está ahí enfrente… Ah, no, ése es de señoras. Espere, que le voy a preguntar a alguien.
Le pregunté a una señora dónde estaba el Zara de caballeros y me lo indicó.
—Pues me ha dicho esta señora que está por allí, en la otra acera, después de cruzar el semáforo…— le señalé a Panero.
Él miraba mis indicaciones con cara de no enterarse de nada, como si aquello fuese un jeroglífico dificilísimo o un enigma imposible de resolver… Imagino que tampoco tenía muchas ganas de esforzarse y concentrar la atención en aquellas nimiedades.
—¿Me puedes acompañar, por favor?— dijo, con voz de pena, casi suplicante, como si fuese un niño perdido en la feria del mundo.
—Sí, claro.
Emprendimos el rumbo hacia Zara, a paso muy despacio. Él me hablaba mirando al suelo, fumando sin parar. Le daba hondísimas caladas al cigarro, como con desgana. Después de varias caladas, lo tiraba al suelo y se encendía otro. Panero, esa tortuga que fuma.
Íbamos tan despacio que el trayecto duró unos diez minutos. La verdad es que me hacía gracia la situación. Me sentía un poco como Tom Cruise enRain Man llevándole la bolsa de deportes a Dustin Hoffman.
Fuimos hablando todo el rato. Pero que nadie piense que hablamos de la muerte de Dios o del futuro de la literatura, ni de la Histoire de la folie de Michel Foucault o del cuervo de Poe o de los maravillososCantos de Maldoror, ni de sus intentos de suicidio o de sus estancias en el manicomio o de la muerte de su madre Felicidad Blanc. No. Lo cierto es que sólo hablamos de tiendas, precios de ropa, calcetines, calzoncillos y cosas similares. Lo juro.
—¿Y Zara es barato? — me preguntó.
—Pues… Bueno, supongo. Yo creo que sí.
—Es que estos cabrones —se refería a los de El Corte Inglés— me querían cobrar no sé cuánto por unos calzoncillos y una camiseta… No te jode.
—Es que es lo que tiene El Corte Inglés —razoné, con toda la sabiduría que Dios me ha dado—, que tienen de todo pero es un poco más caro… Zara sólo tiene ropa y es más barato.
—¿Y venden calzoncillos en Zara?
—Pues no estoy seguro, pero me imagino que sí.
De este estilo fue toda nuestra conversación. Sólo un par de veces insistió en preguntarme, un poco desconfiado:
—¿Seguro que vamos bien por aquí?
—Sí, sí. Si está ya aquí al lado…
Cuando llegamos a la puerta del Zara, preferí hacer mutis por el foro. Pensé que lo mismo a Panero le daría por bajarse los pantalones delante de las dependientas para probarse los calzoncillos y que se iba a montar un escándalo circense en el que prefería no verme envuelto.
—Bueno, pues ya estamos aquí —le dije señalándole la entrada de Zara—. Yo le dejo, que tengo que ir a cortarme el pelo.
—Muchas gracias —me dijo.
Parecía un agradecimiento muy sincero, como si le hubiese rescatado de un naufragio o algo por el estilo.
Mientras me alejaba, me giré un momento para echar un vistazo y vi cómo entraba en la tienda el último poeta maldito.

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Michi-Panero

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Teoría y Así se fundó Carnaby Street.
Leopoldo María Panero, poeta, narrador, ensayista y actor,  exponente de la poesía transgresora, ha fallecido hoy en Las Palmas, a los 65 años, según el mensaje de condolencia de su editor Antonio Huerga. El poeta, que murió en el hospital Juan Carlos I, en el área de salud mental, es autor de títulos como Teoría y Así se fundó Carnaby Street.
Nacido en Madrid, el 16 de junio de 1948, e hijo del gran poeta astorgano Leopoldo Panero, una de las mejores voces líricas de postguerra, y la escritora y actriz Felicidad Blanc, era hermano del también poeta Juan Luis Panero y de "Michi" Panero. Escritor desde su infancia, parte de la vida de Leopoldo María Panero ha transcurrido en distintos hospitales psiquiátricos de la Península y Canarias. Además, perteneció al gurpo de los Nueve Novísimos creado por Josep María Castellet.
"Ante todo era poeta. Vomitaba poesía. Era como su alimento natural, y eso hacía que no le prestara mucha importancia al lector, él escribía porque le nacía", afirma Antonio Huerga. Un autor, añade el editor, que no presumía de sus escritos, "era un sencillo creador de poesía que tampoco se tomaba muy en serio. Aunque si algún lector le preguntaba qué libro suyo recomendaba, a veces, decía, entre enfadado y entusiasta:
Teoría". Para el editor Chus Visor, se trataba de "un genio de la poesía española".
La biografía de este poeta y su entorno familiar siempre ha desatado interés en el ámbito cultural, como muestra la película  de Jaime Chávarri El desencanto (1976), un documental que refleja cómo era su familia en plena desintegración del franquismo, acomodada e intelectual, pero también desmembrada, autoritaria y en la que la figura de su padre pesaba aun con su ausencia.
Sobre la locura y su existencia, Panero dijo, en una entrevista en el psiquiátrico, lo siguiente: "La locura existe, no así su curación. Al contrario de lo que se piensa, lo malo es el consciente, no el inconsciente. Como decía Rousseau, el hombre es bueno por naturaleza y es la sociedad la que lo vuelve monstruoso".
Ha sido un comienzo de año triste para la literatura en español, en especial para el grupo de los Novísimos. El viernes pasado falleció la también poeta, narradora y editora Ana María Moix y el 9 de enero Castellet, editor y artífice de esa ya mítica antología Nueve novísimos poetas españoles, formada por Moix, Panero, Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero y José María Álvarez.

A QUIEN ME LEYERE


LOS LIBROS caían sobre mi máscara (y donde había un rictus de viejo moribundo), y las palabras me azotaban y un remolino de gente gritaba contra los libros, así que los eché todos a la hoguera para que le fuego deshiciera las palabras...
Y salió un humo azul diciendo adiós a los libros ya mi mano que escribe: "Rumpete libros, ne rumpant anima vestra": que ardan, pues, los libros en los jardines y en los albañales y que se quemen mis versos sin salir de mis labios:
el único emperador es el emperador del helado, con su sonrisa tosca, que imita a la naturaleza y su olor a queso podrido y vinagre. Sus labios no hablan y ante esa mudez me asombro, caigo estático de rodillas, ante el cadáver de la poesía. 
Leopoldo María Panero 1/3/87

Dérisoires martyrs...
STÉPHANE MALLARMÉ

En el obscuro jardín del manicomio
Los locos maldicen a los hombres
Las ratas afloran a la Cloaca Superior
Buscando el beso de los Dementes.

Un loco tocado de la maldición del cielo
Canta humillado en una esquina
Sus canciones hablan de ángeles y cosas
Que cuestan la vida al ojo humano
La vida se pudre a sus pies como una rosa
Y ya cerca de la tumba, pasa junto a él
Una Princesa.

Los ángeles cabalgan a lomos de una tortuga
Y el destino de los hombres es arrojar piedras a la rosa
Mañana morirá otro loco:
De la sangre de sus ojos nadie sino la tumba
Sabrá mañana nada.

El loquero sabe el sabor de mi orina
Y yo el gusto de sus manos surcando mis mejillas
Ello prueba que el destino de las ratas
Es semejante al destino de los hombres.

LAMED WUFNIK

Yo soy un lamed wufnik
sin mí el universo es nada
las cabezas de los hombres
son como sucios pozos negros
yo soy un maed wufnik
sin mí el universo es nada
dios llora en mis hombros
el dolor del universo, las flechas
que le clavan los hombres
yo soy un lamed wufnik
sin mí el universo es nada
le conté un día a un árabe
oscuro, mientras dormía
esta historia de mi vida
y dijo "Tú eres un lamed wufnik"
sin ti Dios es pura nada
* y añadió, "y entre los árabes, un kutb"
(v. Jorge Luís Borges, El Libro de los seres imaginarios)

EL LOCO AL QUE LLAMAN EL REY

Bufón soy y mimo al hombre en esta escalera cerrada
con peces muertos en los peldaños
y una sirena ahogada en mi mano que enseño
mudo a los viandantes pidiendo
como el poeta limosna
mano de la asfixia que acaricia tu mano
en el umbral que me une al hombre
que pasa a la distancia de un corcel
y cándido sella el pacto
sin saber que naufraga en la página virgen
en el vértice de la línea, en la nada
cruel de la rosa demacrada
donde
ni estoy yo ni está el hombre

A José Saavedra

Has dejado huella en mi carne
y memoria en la piel de las interminables bofetadas
que surcan mi cuerpo en le claustro del sueño
quién sabe si mi destino se parecerá al de un hombre
y nacerá algún día un niño para imitarlo.

Ven hermano, estamos los dos en el suelo
hocico contra hocico, hurgando en la basura
cuyo calor alimenta el fin de nuestras vidas
que no saben cómo terminar, atadas
las dos a esa condena que al nacer se nos impuso
peor que el olvido y la muerte
y que rasga la puerta última cerrada
con un sonido que hace correr a los niños
y gritar en el límite a los sapos.


II
Ne sachant pas, ingrat!, que c'était tout mon sacré
ce fard noyé dans l'eau perfide des glaciers

STÉPHANE MALLARMÉ

En mi alma podrida atufa el hedor a triunfo
la cabalgata de mi cuerpo en ruinas
a donde mis manos para mostrar la victoria
se agarran al poema y caen
y una vieja muestra su culo sonrosado
a la victoria
pálida del papel en llamas,
desnudo, de rodillas, aterido de frío
en actitud de triunfo.

a Marava

Brindemos con champagne sobre la nada
salto de un saltimbanqui en el acero escrito
donde la flor se desnuda y habita entre los hombres
que de ella se ríen y apartan la mirada
sin saber oh ilusión que es también la nada
adonde ellos la vuelven y que a cada jugada
se tiene la Muerte ante el jugador desnuda
enanos juegan con cabezas humanas.

EL QUE ACECHA EN EL UMBRAL.

a Inés Alcoba.

Si la beauté n'etait la mort

Toda belleza por el cadáver pasa
y se limpia en el río de la muerte, el Ganges
que a los inmortales conduce
toda mujer
se transfigura en la tumba y adorna
en el eterno peligro de la nada
así, querida
sabrás mueriendo lo que es el Adorno
y te adorarán los pulgones y aplaudirán las ranas
de ellas compuesto el canto eterno de la nada
oh, tú, hermana
llena con tu cántico mi noche
de tu susurro delgada hermana
de tu sollozo
que la nada devora Sabiendo así lo que es el Adorno
las chotacabras avisan Su Llegada.

LOS INMORTALES

Cada conciencia busca la muerte de la otra

HEGEL

En la lucha entre conciencias algo cayó al suelo
y el fragor de cristales alegró la reunión
Desde entonces habito entre los Inmortales
donde un rey come frente al Ángel caído
y a flores semejantes la muerte nos deshoja
y arroja en el jardín donde crecemos
temiendo que nos llegue el recuerdo de los hombres.

Llega del cielo a los locos sólo una luz que hace daño
y se alberga en sus cabezas formando un nido de
serpientes
donde invocar el destino de los pájaros
cuya cabeza rigen leyes desconocidas para el hombre
y que gobiernan también este trágico lupanar
donde las almas se acarician con el beso de la puerca,
y la vida tiembla en los labios como una flor
que el viento más sediento empujara sin cesar
por el suelo
donde se resume lo que es la vida del hombre.

Del polvo nació una cosa.
Y esto, ceniza del sapo, broce del cadáver
es el misterio de la rosa.

Debajo de mí yace un hombre
y el semen
sobre el cementerio
y un pelícano disecado creado nunca ni antes
Caído el rostro
otra cara en el espejo
un pez sin ojos
Sangre candente en el espejo
sangre candente
en el espejo

un pez que come días pre-
sentes sin rostro.

EL LAMENTO DE JOSÉ DE ARIMATEA

No soporto la voz humana,
mujer, tapa los gritos del
mercado y que no vuelva
a nosotros la memoria del
hijo que nació de tu vientre.

No hay más corona de
espinas que los recuerdos
que se clavan en la carne
y hacen aullar como
aullaban
en el Gólgota los dos ladrones.
Mujer,
no te arrodilles más ante
tu hijo muerto.
Bésame en los labios
como nunca hiciste
y olvida el nombre
maldito
de Jesucristo.

Danza en la nieve
mujer maldita
danza hasta que tus pies
descalzos sangren,
el Sabbath ha empezado
y en las casas tranquilas
de los hombres
hay mucho más lobos que aquí.
Luego de bailar toca
la nieve: verás que es buena
y que no quema tus manos
como la hoguera
en la que tanta belleza
arderá algún día.
Partiendo de los pies
hasta llegar al sexo
y arrasando los senos
y chamuscando el pelo
con un crujido como de
moscas al estallar
en la vela.
Así arderá tu cuerpo
y del Sabbath quedará tan sólo una lágrima
y tu aullido.

ACERCA DEL CASO DREYFUSS SIN ZOLA
O LA CAUSALIDAD DIABÓLICA

EL FIN DE LA PSIQUIATRÍA
LA LOCURA se puede definir, muy brevemente, como una regresión al abismo de la visión o, en otras palabras, al cuerpo humano que ésta gobierna. En efecto, la zona occipital, que regula el desarrollo del a visión, controla, según mi hipótesis, el cerebro, y el cerebro controla todo el cuerpo. De ahí que sea tan importante lo que Lacan minimizaba como "inconsciente escópico", y esa mirada a la que el dicho psicoanalista apodaba "objeto a minúscula". Por el contrario, la mirada es un infinito. Contiene imágenes en forma de alucinaciones que no lo que Jung llamara "arquetipos" y Rascowski "visión prenatal". Ferenczi habó del inconsciente biológico: por muy increíble que parezca, éste está contenido en la mirada en forma de alucionaciones. La magia, el inconsciente antes de Freud, lo sabía: "fons oculus fulgur". Freud también decía que el inconsciente se crea a los cuatro o cinco años; en efecto, los niños padecen dichas alucinaciones de una forma natural: de ahí el retorno infantil al totemismo, del que hablara también el fundador del psicoanálisis.

Pero el cuerpo humano, que, salvo para los niños, es un secreto, contiene igualmente alucinaciones olfativas o junguiniano alguno, es decir, a inconsciente alguno de la especie o, en otras palabras, a su pasado, en el que los dioses están bajo la figura de tótems, pues no en vano la palabra "zodiaco" significa en griego animales. Dioses esto, pues, corporales, hijos del Sol y de la Tierra.
He aquí, por consiguiente, que le cuerpo contiene la locura y, como el único cuerpo entero que existe es el cuerpo infantil, es por tal motivo que la esquizofrenia tuvo por primer nombre "demencia praecox" o demencia traviesa. Respecto a la paranoia, su problemática es triple o, en otras palabras, quiero decir que existen tres tipos de paranoia, pues ya nos dijo Edwin Lemert que no existe la paranoia pura; uno de los tipos de paranoia cuyo síndrome es el delirio de autorreferencia, nos reenvía al problema de que el psiquismo animal es colectivo, y ese es el magma alquímico, en cuyo seno se hunde al género del paranoico. El otro género de paranoico es el que proyecta su agresividad, con frecuencia, sobre su mujer en el delirio de los celos. El tercer género del paranoico es el que, según ya dijo Edwin Lemert, tiene realmente perseguidores. Ese es el caso al que yo llamo el caso Jacobo Petrovich Goliardkin (el protagonista de El doble de F.N.Dostoyewski). Es un sujeto con frecuencia deforme, enano o simplemente raro, o tan oscuro como Dreyfuss, que es víctima de agresiones, humillaciones y vejaciones por parte de sus amigos o compañeros de oficina, -o, a veces, de un portero, o sencillamente de un camarero-, y que para dar sentido estético a su vivencia se inventa a los masones, o a la C.I.A., metáforas que reflejan a tan sombríos compañeros.


Las otras locuras son frecuentemente producto de la psiquiatría: tal es el caso de las alucinaciones auditivas, que no existen en estado natural alguno y que son producto de la persecución social o psiquiátrica que cuelga, como vulgarmente se dice, en lugar de explicar o aclarar. Pues cada ser humano puede ser en potencia un psiquiatra, con sólo prestarnos la ayuda de su espejo. Pasemos ahora al caso de Dreyfuss; el caso Dreyfuss, en verdad, fue, como el mío, un caso muy extraño. Ni yo ni él entediamos el origen de la persecución; su naturaleza, sin embargo, o su mecanismo puede definirse como el efecto "bola de nieve": se empieza por una pequeña injusticia y se sigue por otra y por otra más aún hasta llegar a la injusticia mayor, la muerte. O bien como en el lynch empieza uno y continúan todos. Así, yo he sido la diversión de España durante mucho tiempo y, a la menor tentativa de defenderme, encontraba la muerte, primero en Palma de Mallorca en forma de una navaja y, luego, en el manicomio del Alonso Vega (Madrid) en forma de una jeringa de estricnina; pero todo por un motivo muy oscuro, no sé si por mi obsesión por el proletariado, nacida en la cuna de la muerte, o bien, por miedo a que desvelara los secretos de un golpe de Estado en que fui utilizado como un muñeco, y en el que los militares tuvieron, primero, la cortesía de apodarme "Cervantes", para llamarme después, en el juicio, "el escritorzuelo". Pero no son sólo los militares los que me usaron; en España me ha usado hasta el portero para ganarse una lotería que de todos depende, porque el psiquismo animal es colectivo, y éste es el motivo de que el chivo expiatorio regale gratuitamente la suerte, en un sacrificio ritual en pleno siglo XX, en nombre de un dios que ya no brilla, sino que cae al suelo herido por las flechas de todos. Ese dios al que todos odian por una castidad que ha convertido al español en un mulo y en una mala bestia. Al parecer toda España ha rodeado amorosamente a la muerte entre sus brazos, y la prefieren la sexo y a la vida.


Diario de un hombre infinitamente envenenado:

¿Panero le robó las credenciales a Dios o al diablo?



Leopoldo María Panero es el poeta más importante de España, aunque España le haya puesto una camisa de fuerza y lo envenene con el calmante haloperidol.


Encerrado en un manicomio hace casi dos décadas, el diario español El País pareciera haberle descubierto, y le entrevistó en un lugar conocido como la Residencia de Estudiantes. Escoltado, el poeta, por su colega y amigo Félix Caballero y una sugestiva admiradora, llamada Amaraba, habló de lo humano, divino, la poesía, España, la democracia, el Quijote, Neruda, la psiquiatría, sus preferencias sexuales, Freud, el Papa, Rasputín, Lacan, todas las etcéteras de las preguntas y de lo que le rodea: la locura. Panero, creo, no le deja un solo pelo a la lengua de sus palabras.
Panero viajó este año a Chile, invitado, bajo una estricta custodia, y recitó su poesía en el manicomio de Santiago de Chile, sitio de una vieja capitanía hispana, cuyo capitán general perdió la cordura en los momentos de apremio.
La conversación de El País con Panero, autor de una poesía en el límite, sin fondo, un lenguaje en escombros permanentemente, no incluyó poemas de su factura, sino dejó funcionar la escopeta con su pólvora acorralada en el manicomio del doctor Rafael Inglod, en Islas Canarias.

El puto infierno, dice Panero
Les confesó en el arranque a sus entrevistadores, Miguel Mora y Jesús Ruiz Mantilla, que España es la que está loca, no él. Sus respuestas están llenas de lucidez, humor, del peso rotundo de su palabra. Y ese fue el titular de El País.

 “Lo de Rasputín fue una noche y a puerta cerrada; lo mío va para 20 años y es a la luz del día: el diario de un hombre infinitamente envenenado”.

Es probable que Mora y Mantilla no conozcan su poesía, pero Panero ha dicho esto: 

Se cantan himnos a la virgen y loas a la cruz / que no existe, y al más allá, mientras Dios quema / y mi cuerpo escupe sobre el suelo el martirio / y vomita la cerveza y el vino del sufrimiento. / Porque la religión no son dogmas ni anhelos abstractos / sino el sufrir de otro sufrir, el matar por amor / hasta llegar a este final en donde sólo se habla de odio / Que Dios perdone mi odio, y lo perdona / pero tú no, animal hispano, bestia que no perdonas / el genio que no tuviste nunca caridad / mientras San Juan de la Cruz llora en la pradera de la / noche.

En este recreo con la prensa y que El País supo destacar en primera plana de su web durante todo el día, Panero califica su hogar en Inglod, de puto infierno, sí, el manicomio, donde pasa la vida junto a una ventana que mantuvo tres años abierta, lo que le ha significado ingerir dosis de haloperidol para atontarlo, comenta. Atonta. Pero más inteligente que yo, imposible. Soy tan inteligente como Nieztsche.Seguramente Panero pensó en la escena del 3 de enero en Turín, Italia, 1888, cuando el filósofo alemán se abrazó llorando a un caballo que un cochero golpeaba brutalmente. De ese acto de amor partió la locura de Nietszche, dicen.
El diagnóstico de Panero es esquizofrenia, una enfermedad normal en el mundo actual. Salga a la calle, converse con un político, vea la disociación en el discurso y la realidad, cómo los semáforos son unas luces decorativas en el paisaje urbano desolado, reventado por los avisos de neón, bajo el desamparo del hombrecito troglodita que consulta su celular como un librito mágico lleno de entretención.
Donde vivo, en el quinto mundo a mano derecha, los locos entran y salen del sanatorio, se confunden en las calles, forman parte de la sociedad, la que les anima a compartir sus proyectos en el manicomio local. La gran frase, locos de atar, ha quedado totalmente obsoleta donde vivo. Es una feria de idiotez erigida en la suprema causa perdida.
La realidad de Panero es otra, y como interno, acusa que no le dejan fumar, le obligan a hacer la cama siete veces al día (¿alguna cábala para locos?) “y aquí azuzan a los locos contra mí y no los atan, sólo lo hacen con los viejecitos por nada”, les comenta a los de El País. El periodista le pregunta por otra medicina habitual: ¿Le dan electroshocks? Es como una especie de desayuno, al parecer, por la pregunta nada de poética. “López Ibor te daba electroshocks y luego te ponía una imagen de santa Teresa en la mesilla. No he visto un nazi parecido en los días de mi vida. Ahora, la lobotomía y el electroshock están prohibidos, y las correas también, salvo en caso de sangre o pelea”, complementa su respuesta Panero a El País.

Los años han roto mi cara
Ya el diálogo se ha animado: ¿mienten los locos?, los periodistas buscan la verdad de primera mano y arrojan esa pregunta de patinazo. Y viene la lucidez de Panero: los locos yerran, pero no mienten. Él, remató, a los cuerdos reporteros: Un loco tiene la perniciosa manía de decir la verdad, como el borracho.
Y el cuestionario continúa por el mismo camino, mostrando una supuesta soga en la casa del ahorcado: ¿Acaso existe la locura? “No. Los locos son gente muy puteada y se esconden para que no les hagan más daño. El mito de la enfermedad mental, de Thomas S. Szasz: si el loco es un hipócrita, no está loco, es un hipócrita y punto. Yo aprendí telepatía en París, entendí que pensar venía de hablar, y hablaba y leía en voz alta. Me quedé telépata”. Algo parecido a un vidente, un transmisor psíquico, quien se comunica con los sentidos, sin Internet ni otros intermediarios físicos.
En su libro, Poemas del manicomio de Mondragón, Panero dice que la locura se puede definir, muy brevemente, como una regresión al abismo de la visión o, en otras palabras, al cuerpo humano que ésta gobierna. Yo he sido la diversión de España, acusa, por mucho tiempo, a la menor tentativa de defenderme, encontraba la muerte, primero en Palma de Mallorca en forma de una navaja, y luego, en el manicomio del Alonso Vega, en Madrid, en forma de una jeringa de estricnina.

Los años han roto mi cara / y dicen que no es sangre, sino pus la que corre / lentamente por el tembladeral de mis venas / donde agoniza un dios del pasado / que desde el poema nos llama con la llama de un muerto.

Panero habló con la lámpara y la vela encendida, de acuerdo a los claroscuros del momento. No en vano, sobre la mesa había siete paquetes de cigarrillos entreabiertos y el poeta es una chimenea en tiempos de elección papal. El humo se hace más humo en silencio. Nos ha dicho en su poesía y en esta entrevista, que es un poeta culto, con memoria, actual, de una vigencia extraordinaria en un planeta caótico, de notorios climax esquizofrénicos, de una banalidad rica, sustancial, irritante, para saturar un paisaje con un nuevo escalofrío y fantasmas que el viejo Marx hubiese preferido nunca mencionar. Lacan, Marx, Ana Torroja.
Los periodistas se sorprenden, es uno de los pocos comentarios que hacen en su entrevista, que tampoco describe el lugar donde suele habitar físicamente el poeta. Por ser las únicas definiciones sobre ese momento y relacionadas con lo que perciben de Panero, escondido en la mala conciencia española, aquí las incluyo textualmente, como un paréntesis de estos comentarios: “Leopoldo María Panero (Madrid, 1948) fuma como un loco pero apaga los pitillos antes de la mitad. Sufre esquizofrenia, o eso dicen los psiquiatras. Los únicos síntomas aparentes son sus murmullos inaudibles, su enganche a la coca light y su paranoia (comprensible) con la CIA. Por lo demás, su lucidez destellante, su inteligencia sarcástica, su cultura-baúl (suelta citas y recita en varias lenguas y sectores: Lacan, Marx o ¡Ana Torroja!: “Y los jamones son de York”) y su curiosidad insaciable (poesía, literatura, psiquiatría, antipsiquiatría, física...) le convierten, más bien, en estos tiempos lelos, en un cuerdo tan indispensable como inalcanzable”.
Ahora sólo duerme adentro, en el manicomio del doctor Rafael Inglod, comentan los periodistas, bajo la carga demoledora del haloperidol, un tranquilizante que él desprecia, como toda la psiquiatría que le han echado encima en estas dos décadas. Todo ingreso es un secuestro, ha dicho Panero, y reiterado, toda internación es ilegal. Los periodistas continúan su cuestionario limpio, como una navaja. ¿Psiquiatría o poesía? “He pensado dejar la poesía como Rimbaud para dedicarme a la psiquiatría, pero a la real, no a esa falsa que Wittgenstein llamó La máscara y el lenguaje.
Ambos poetas están editados por la Colección Visor de Poesía y comenzaron a escribir desde muy joven. Rimbaud se deshizo de la poesía a los 19 años, pero ya había vivido Una temporada en el infierno. Lo dice el poeta maldito: “He creado todas las fiestas, todos los triunfos, todos los dramas. He tratado de inventar nuevas flores, nuevos astros, nuevas carnes, nuevas lenguas. Creí que había adquirido poderes sobrenaturales. ¡Pues bien!, tuve que enterrar mi imaginación y mis recuerdos”. África consumió a Rimbaud, quien regresó a Marsella sólo para morir en brazos de su hermana Isabelle. Panero vive hace dos décadas en su Infierno, y sus versos dicen: “Y yo soy el cristal del infierno / el cristal para morir tan solo / para morir como en la página delgada del sufrimiento / como el sufrir del más atroz del sufrir que no existe / el sufrir en la página / que no existe”. ¿Cómo se hizo poeta? “A los cinco años. Mis padres estaban aterrados. El poema decía: 

'Mi corazón temblaba y no era un sueño 
fueron muriendo todos los soldados de la guardia del rey 
y mi corazón seguía temblando’ 

¿Le robó las credenciales a Dios o al diablo?
¿Panero le robó las credenciales a Dios o al Diablo? Es una pregunta para la sociedad y las autoridades españolas, sus poetas, periodistas, intelectuales, la Academia de la Lengua que Panero destraba con sus gestos, sonidos, miradas, la desesperación de sus ruidos, su intacta palabra.
El cuestionario sigue viento en popa: ¿La literatura cura? “Alguna sí. Los literatos españoles se dividen en dos: el burgués ambicioso y los mamarrachos abominables”. Panero no tiene pelos en la lengua y responde como si viviera en el Viejo Oeste. La soledad de la poesía, el desencanto, la infamia dorada, toda la pasarela para un pobre escenario y performances provincianas. La roja nariz del payaso sonriente en la palidez de la historia poética.¿Cree en la democracia? “Soy anarco individualista, pero creo. Me sorprende que alguien dijera que la democracia es un anacronismo. No creo que Tejero sea muy moderno. Pero los diputados están como cabras”. No hay tema para Panero donde él no tenga su claridad, vigencia, actualidad. ¿Por qué El País no lo contrata como columnista? De pronto corresponsal en Afganistán. Allí, el viento tiene cinco esquinas. Panero podría ser la alfombra voladora. Panero es admirador de Ana Torroja, autora del álbum Puntos cardinales. El poeta está al día del día, que vive y lo vive, en la marginalidad del escenario que se describe aparentemente en los periódicos en las páginas de obituarios. Los reporteros de El País podrían haber rayado a la salida del manicomio: Panero vive la locura de todos. Y podrían recitar: En el oscuro jardín del manicomio / los locos maldicen a los hombres / las ratas afloran a la Cloaca Superior / buscando el beso de los Dementes. Se sigue deslizando el cuestionario con la actualidad. ¿Qué le parece la ley de matrimonio homosexual? “Yo soy bisexual y sadomasoquista. Sádico con las mujeres y masoca con los hombres, aunque también sádico con algunos tíos, depende de lo guapos que sean”. Ahí está Panero, frente a s u propio espejo, mirándose las entrañas y dejándolas al descubierto, para su público y admiradores. Es un triángulo de trece caras. La luz solitaria que nos ve en el reflejo. Tal vez, en el diván, todos los perros son azules, Panero. Y los lúdicos reporteros prosiguen su rutina con un disparador insaciable en su lengua. ¿Freud o Lacan?, porque no pueden preguntarle: Maradona o Pelé: están con Panero, con más formación que ambos, sagacidad y manejo de la locura.
“Freud se creía el anticristo, pero era ambiguo”, responde Panero, en su estilo filoso. “Decía: ‘¡¿Sabía usted que soy el diablo y Dios construye catedrales en torno a mí?!’. Lacan sabía que los locos sabían que él era el anticristo. Según Jung, Cristo y el anticristo son el sí mismo. El yo no existe en la especie humana. Es lo que Lacan llamaba ‘el sombrero de Napoléon’. El yo es en lo que se pierde el loco. Y el anticristo son los bancos”. Ese es Panero, sin un pelo de retórica. Se pronuncia más que los intelectuales que están libres, en las universidades. Lo hace con la actualidad de un monje del siglo XXI.

El Quijote, una novela río asquerosa
¿Por qué no abre un dispensario antipsiquiátrico? “Pensé hacerme millonario con la antipsiquiatría y lo sería si me pagaran los derechos”. Sal y pimienta, el poeta, su materia y la de sus interrogadores. La poesía, literatura, ha sido su mundo. La pregunta no se hace esperar: ¿Su poesía es automática?¿Pensaron en el surrealismo o simplemente que un loco escribe en automático, con el casete corrido, sin pensar, sólo aflojando el disparador del subconsciente incontrolable? ¿Es una pregunta vieja, de otra época o una viveza? Me pongo, intento ponerme, en el lugar del poeta-entrevistado, objeto de observación, ahora, y aniquilamiento, en los últimos 20 años. ¿Qué habrá pensado Panero, me pregunto, y sobre todo, que le habrá pasado por la mente cuando le preguntaron sobre su poesía, escritura, para ser exactos? Un poeta leído y que tiene una particular visión, una manera de entender la poesía. Y así responde, en la gracia de su gracia:

No me prohíbo nada salvo cagar en la silla. 

Pero mi poesía es técnica. Hablando del cuerpo, Spinoza dijo: 
“Nadie sabe lo que puede el cuerpo”. 
Y Neruda: “Te escucho orinar al fondo de la habitación”. Voy a echar una meada.

[Se va, vuelve] Se refiere al poema de Residencia en la Tierra de Pablo Neruda, “Tango del viudo”, que por demás es un gran poema.
¿Cuál es su poeta favorito? “Neruda no me gusta. Mallarmé, sí. Escribe científicamente” [recita un poema en francés].
¿Preferiría ser francés?
“Querría irme a París. Allí no están tan locos como aquí. Aquí no se puede pensar. No es raro que el Quijote sea el ídolo. A San Juan de la Cruz casi lo queman porque se lavaba todos los días. Este país está obsesionado con el sexo desde hace siglos y por eso odian a Dios, porque lo ven castrador”.
¿No le gusta el Quijote?
“Es una novela río asquerosa. Me gusta El licenciado Vidriera”. Ahí está retratado en sus gustos, verdades literarias, pero su poesía habla por él. Ahí está su mirada y la máscara. No viaja en automático el poeta, como suponían los reporteros. Se instala en la lucidez de su sombra, en las ruinas que lo dejan intacto para reconstruirse nuevamente. Es la sensación consciente de un pataleo de un ahogado que sabe respirar a sus ritmos. Panero trabaja donde nace y muere el poema. Crucifica la luz, arde en el sueño frío, es hermano de la muerte, pero sobrevive por temperamento a sus propias aguas y costes. Sólo asume. El verbo proveerá. Todo lo demás es Panero. Y viene el final del barranco de preguntas. Los que no son poetas, creen en una suerte de magia, inspiración celestial, un llamado del más allá, estando todos bien acá. ¿El poeta es un mago, un pequeño dios, un duende, que coño es Panero?
¿Quién le dicta sus poemas?, preguntan Miguel y Jesús, quienes le siguen crucificando a preguntas:¿Escribe en trance? “Como no sea mi conciencia... El hombre no habla, es hablado, dijo Lacan. No creo en la bestia de la inspiración, yo cultivo el espanto como una ciencia”. Me pregunto en medio de este interrogatorio, ¿por qué El País no editó un solo verso de Panero? Un poeta desde un principio y final, es su poesía. Es el cuerpo a la sombra. Todos somos el delito.

El papa, mi doble
¿El nuevo papa?
“Un filonazi. Mi doble”.
¿Zapatero?
“El príncipe de las tinieblas. ‘Oh, Satán, tú tienes dos cosas: el oro y el regazo de la mujer’ (Goethe)”.
¿Negociar con ETA?
“Por supuesto. Hace siglos dije que sólo ETA hace oposición”.
Mis preguntas, las que le hubiese hecho, y no es de locos: ¿Aceptaría el Premio Nobel? ¿Una Embajada en Bagdad? ¿Un poema es redondo, cuadrado, triangular o no tiene formas? ¿Cuántas veces cree haber hecho su cama? ¿Qué lee ahora? ¿Qué libros tiene en su biblioteca? ¿Participa en concursos de poesía? ¿Mira el calendario o el reloj? ¿Prefiere la noche o el día? ¿Sabe quién es después de las dosis de haloperidol? ¿Ama a alguna mujer, persona, animal o cosa? ¿Recuerda el día en que dejó su casa, la calle, la sociedad? ¿Sueña? ¿Qué recuerda de la vida que no sea la muerte? ¿Una palabra favorita, una película, un libro, un animal? ¿Qué acto de locura no cometería? ¿Si lo dejaran salir, a dónde iría primero? ¿La locura es un acto de fe? ¿La cordura es una cuerda que puede cortarse? ¿Qué le recomendaría a un loco? ¿Por qué punta entra a una madeja un orate? ¿Usted trabaja con Internet, tiene acceso? ¿Quién califica, administra y maneja la locura? ¿La locura es un tema personal o de Estado? ¿Una casa de locos es rentable? ¿Con qué personaje le interesaría conversar, entablar una amistad? ¿Quién fue el primero en abrir la puerta a la locura? ¿Está de acuerdo en que la imaginación es la loca de la casa?

Posdata
La poesía es un estorbo, una curiosidad no indispensable, un lenguaje cargado de malas intenciones para poner a pensar. Quizás, un acto de locura en un mundo esquizo, pero lineal. Panero es este espejo dormido en nosotros, un anillo para la boda con la realidad. Sólo veo su rostro sobre una ventana de España, su mirada peninsular, adentro de sus adentros, sus orejas y nariz larga, mirada de alguien sometido a la Inquisición. Pienso que Panero ya no está allí. Es un fragmento peninsular su rostro, el mapa árido de España, la fértil imaginería de un mundo de locos, alguien que no llegará a puerto, porque no existe.


"España es la que está loca, no yo"

  • Un falso majareta, culto y sarcástico

  • Leopoldo María Panero by LUIS MAGÁN

La cita es en la Residencia de Estudiantes, y están con él dos amigos: el poeta canario Félix Caballero, con quien Panero ha escrito ya dos libros, y Amaraba, una fan misteriosa. Los dos fuman como él (hay siete paquetes abiertos sobre la mesa) y asisten risueños a la exhibición de Panero, que lleva ingresado cinco años en el manicomio canario del doctor Rafael Inglod (ahora sólo duerme dentro), tras pasar 14 en el de Mondragón. Hablando también escribe poesía.
Pregunta. ¿Cómo es el manicomio?
Respuesta. El puto infierno. El asunto del veneno empezó en Mondragón, pero lo de Inglod es peor. Me han dado toneladas de haloperidol y todavía no he muerto. Lo de Rasputín fue una noche y a puerta cerrada; lo mío va para 20 años y es a la luz del día: el diario de un hombre infinitamente envenenado. España es la que está loca, no yo.
P. ¿Por qué le dan haloperidol?
R. Porque me pasé tres años sin cerrar la ventana.
P. ¿Y qué le hace?
R. Atonta. Pero más inteligente que yo, imposible. Soy tan inteligente como Nieztsche.
P. ¿Cómo se vive dentro?
R. Todo ingreso es un secuestro clínico, toda internación es ilegal. Allí se tortura: no dejan fumar, te hacen hacer la cama siete veces, azuzan a los locos contra mí y no les atan... Atan a los viejecitos por nada y a esos cabrones no los atan.
P. ¿Le dan electroshocks?
R. López Ibor te daba electroshocks y luego te ponía una imagen de santa Teresa en la mesilla. No he visto un nazi parecido en los días de mi vida. Ahora, la lobotomía y el electroshock están prohibidos, y las correas también, salvo en caso de sangre o pelea...
P. ¿Mienten los locos?
R. El loco yerra pero no miente, tiene la perniciosa manía de decir la verdad, como el borracho.
P. ¿Acaso existe la locura?
R. No. Los locos son gente muy puteada y se esconden para que no les hagan más daño. El mito de la enfermedad mental, de Thomas S. Szasz: si el loco es un hipócrita, no está loco, es un hipócrita y punto. Yo aprendí telepatía en París, entendí que pensar venía de hablar, y hablaba y leía en voz alta. Me quedé telépata. "El cante sin guitarra, / el cante a palo seco, / el cante sin meis nada". Es un poema de João Cabral de Melo Neto.
P. Ah. ¿Le gusta el flamenco?
R. No creo en la clase obrera española. Son payasos alfredolandescos. Tras 40 años sin ideología obrera, sólo queda la picaresca y un proletariado chistoso.
P. ¿Psiquiatría o poesía?
R. He pensado dejar la poesía como Rimbaud para dedicarme a la psiquiatría, pero a la real, no a esa falsa que Wittgenstein llamó La máscara y el lenguaje.
P. ¿La literatura cura?
R. Alguna sí. Los literatos españoles se dividen en dos: el burgués ambicioso y los mamarrachos abominables.
P. ¿Cree en la democracia?
R. Soy anarcoindividualista, pero creo. Me sorprende que alguien dijera que la democracia es un anacronismo. No creo que Tejero sea muy moderno. Pero los diputados están como cabras.
P. ¿Qué le parece la ley de matrimonio homosexual?
R. Yo soy bisexual y sadomasoquista. Sádico con las mujeres y masocacon los hombres, aunque también sádico con algunos tíos, depende de lo guapos que sean.
P. ¿Cómo se hizo poeta?
R. A los cinco años. Mis padres estaban aterrados. El poema decía: "Mi corazón temblaba y no era un sueño / fueron muriendo todos los soldados de la guardia del rey / y mi corazón seguía temblando".
P. ¿Freud o Lacan?
R. Freud se creía el anticristo, pero era ambiguo. Decía: "¡¿Sabía usted que soy el diablo y Dios construye catedrales en torno a mí?!". Lacan sabía que los locos sabían que él era el anticristo. Según Jung, Cristo y el anticristo son el sí mismo. El yo no existe en la especie humana. Es lo que Lacan llamaba "el sombrero de Napoléon". El yo es en lo que se pierde el loco. Y el anticristo son los bancos.
P. ¿Por qué no abre un dispensario antipsiquiátrico?
R. Pensé hacerme millonario con la antipsiquiatría y lo sería si me pagaran los derechos.
P. ¿Su poesía es automática?
R. No me prohíbo nada salvo cagar en la silla. Pero mi poesía es técnica. Hablando del cuerpo, Spinoza dijo: "Nadie sabe lo que puede el cuerpo". Y Neruda: "Te escucho orinar al fondo de la habitación". Voy a echar una meada.
P. [Se va, vuelve] ¿Cuál es su poeta favorito?
R. Neruda no me gusta. Mallarmé, sí. Escribe científicamente [recita un poema en francés].
P. ¿Preferiría ser francés?
R. Querría irme a París. Allí no están tan locos como aquí. Aquí no se puede pensar. No es raro que el Quijote sea el ídolo. A san Juan de la Cruz casi lo queman porque se lavaba todos los días. Este país está obsesionado con el sexo desde hace siglos y por eso odian a Dios, porque lo ven castrador.
P. No le gusta el Quijote.
R. Es una novela río asquerosa. Me gusta El licenciado Vidriera.
P. ¿Quién le dicta sus poemas?
R. Como no sea mi conciencia... El hombre no habla, es hablado, dijo Lacan.
P. ¿Escribe en trance?
R. No creo en la bestia de la inspiración, yo cultivo el espanto como una ciencia.
P. ¿El nuevo Papa?
R. Un filonazi. Mi doble.
P. ¿Zapatero?
R. El príncipe de las tinieblas. "Oh, Satán, tú tienes dos cosas: el oro y el regazo de la mujer" (Goethe).
P. ¿Negociar con ETA?
R. Por supuesto. Hace siglos dije que sólo ETA hace oposición.

los hermanos José Moisés Santiago (Michi) y Leopoldo María Panero 

EL HOMBRE QUE CASI CONOCIO A MICHI PANERO 

Nacho Vegas EL HOMBRE QUE CASI CONOCIO A MICHI PANERO (Subtitulado)


Bunbury & Vegas - El Hombre Que Casi Conocia A Michi Panero




Panero, Panero
Panero ya conoció el infierno,

el diablo celeste de la creación

viene devuelta sin un respiro
y escupe en la cara de España.
Reina mía, se ha roto la luna
en la roja noche del cristal
y es puerco pensar ahora en Bizancio.
Locura sería, mi Dama, que mi poesía
estuviera en cartelera,
nada más teatral que el espanto
y el mundo arrodillado en un grano de arena,
meciéndose con la muerte
frente a nuestra vereda y de azul.
Falta poco para que ocurra
ese milagro, no lo sé.
Un niño cierra su primera vocal.
En alguna ciudad alguien
se siente un paréntesis.
¿Por qué lado abrirá el mundo
la mañana de mañana, Panero?

by Rolando Gabrielli
leer libro - link 
http://riochico.wordpress.com/2013/12/22/leopoldo-maria-panero-no-sentistes-crisalida-aun-el-peso-del-aire-2/

Fotografía de J. R. VEGA.

El caballo de hierro cruza ahora sin miedo

desiertos abrasados de silencio.

Deseo de ser piel roja.
Sitting Bull ha muerto y no hay tambores
para hacerlo volver desde el reino de las sombras.
Deseo de ser piel roja.


(fragmento de Deseo de ser piel roja)







`The poet behind the madness'


Entrevista con Leopoldo María Panero 
Babylon Magazine



Leopoldo María Panero en Crónicas M.




MERIENDA DE NEGROS


Link Parte 1  

http://www.youtube.com/watch?v=0nw4bLi-hpw








Link Parte 2  

http://www.youtube.com/watch?v=bSgqL2cWkic



Obra realizada por la artista Elba Martínez tras dos estancias en las Palmas de Gran Canaria a lo largo del 2002 y 2003. Se trata de una pieza de videoarte y según palabras de Túa Blesa invita a preguntarse qué miran los ojos de este poeta, Leopoldo Mª Panero y la única respuesta quizá sea buscar en lo que sus poemas dicen. ¿qué se ve en sus versos? Es el horror: el de la vida -que es la de un loco tocado por la maldición del cielo-, una vida que, no por efecto óptico, sino por la penetración de la mirada, ha quedado detenida en la instantánea de la destrucción. Queda eso dicho en el continuo borrado del rostro, ése que vaga a la búsqueda de una lámina- ¿la página?que lo refleje y, así, la ideología de la individualidad es puesta en una crisis que se diría es definitiva.





después de tantos años





después de tantos años 2





después de tantos años 3






No fue ..., fue el mejor



La locura es un mito en la obra de Leopoldo María Panero. Lo relevante es el hecho poético, que él escribió verdadera poesía. La locura fue uno de sus temas, tratado siempre de un modo brillante, intenso y sobre todo inteligente, porque la poesía es, más allá de cualquier otra cosa, inteligencia. Un idiota jamás podrá escribir un buen poema.

La a veces llamativa vida de los genios, y Leopoldo María Panero fue un genio, suele interferir de un modo muy pueril y muy molesto en el análisis de su obra. Panero, que es el gran poeta español de la segunda mitad del siglo XX, escribió siempre sin dar explicaciones y poniendo en relación palabras y conceptos que hasta entonces nos habían parecido necesariamente opuestos.

Su visión de la muerte y de las cárceles del hombre -la locura, una de ellas, aunque no la única- y su capacidad angelical de vincularla a la última tensión de nuestra trascendencia hicieron de él un poeta superior, fuera del alcance de los discurrires convencionales, y por eso muchos de los que insisten en hablar de su locura, en lugar de su poesía, es porque en realidad nunca la entendieron.

Es muy español convertir nuestras limitaciones intelectuales en la medida de todas las cosas.

La poesía de Leopoldo María Panero no fue nunca fácil, como por ejemplo la de su hermano Juan Luis, que, aunque menor, también fue un excelente poeta. La poesía de Leopoldo María Panero es dura, simbólica, dolorosa, y hay que salir a su encuentro. Hay que librarse de todos los prejuicios, y hay que esforzarse para entenderla. Hay que regresar a sus poemas permanentemente y a menudo te das cuenta de que aquél, en 1997, cuando lo leíste por primera vez, eras demasiado joven para comprenderlo.
Su visión del amor parte de la ternura y acaba en la tragedia. Es importante, fundamental diría yo, asumir su ternura primera, su devoción, su corazón tan puro ofrecido con la temeraria generosidad del genio. Sólo desde su ternura infinita se comprende su decepción, su desolación, su desgarro. Leopoldo María Panero no estuvo loco, estuvo roto. Roto como todos estamos rotos, rotos ante el amor, rotos ante el silencio de Dios, rotos ante las más sombrías esquinas de la vida.
La diferencia entre Panero y los demás poetas no fue la locura sino la poesía, la poesía superior y seguramente única, "la poesía que se desarrolla en el alba primera del mundo y que por eso su precisión no consiste en denominar las cosas sino en no alejarse del alba"; Huidobro lo dice.
La diferencia entre Panero y nosotros no es que él tuviera más miedo, porque todos vivimos aterrorizados, sino que él le miró a la cara, y le llamó "pánico", y se sumergió hasta su raíz más profunda para emerger hasta el último espanto. Él tuvo el mismo miedo que nosotros pero fue mucho más valiente. Porque ser valiente no es no tener miedo, sino tenerlo y continuar haciendo lo que crees que tienes que hacer.
La diferencia entre Panero y los demás poetas no es que a él las cosas le salieran mal, porque a todos, en cierto modo, nos salen mal, sino que él era un buen chico al que las cosas le salieron mal, y siempre intentó que la ternura fuera la metáfora de la solución universal, y hay en el fondo de su poesía un fundamental e irredento propósito de demostrar que sin el Capitán Garfio no sería nadie Peter Pan.
En un país como el nuestro, tomado por la mayor de las cursilerías, que es la socialdemocracia y la corrección política, no es de extrañar que tal pretensión se haya asociado despreciablemente a la locura.
Leopoldo María Panero escribió para un público que muy probablemente no existe pero su malditismo le ayudó a ser un poeta relativamente -muy relativamente- leído. Hasta un mal argumento merece la pena si sirve para vender libros de buena poesía. Que fuera relativamente leído no implica, lamentablemente, que fuera en modo alguno entendido, como se puede trágicamente comprobar en la multitud de presuntos elogios que sobre él hoy se publican.
La muerte no ha sido extraña para él, porque casi siempre fue su inseparable tema. Superó a sus predecesores con su brutal talento. Nadie hoy escribe como él, ni remotamente se le acerca. Su obra es su eternidad en la Tierra, a la espera de otras eternidades que ya hoy sólo él conoce. Ésta podría ser, finalmente, una buena manera de definirle. Él siempre vio su reflejo en la cara de Dios mientras nosotros jugábamos a los espejos. 
by Salvador Sostres

¡No me abandonéis, no me abandonéis!

"No me abandonéis, no me abandonéis". Y Leopoldo, llorando, arrastrado por dos celadores hercúleos, escaleras arriba, iba perdiéndose (su cuerpo flaco, descamisado, despeinado, la baba colgando de aquella mandíbula sobresaliente) ante el estupor de otros internos del psiquiátrico de Mondragón.
Leopoldo, hijo de poeta, sobrino de poeta, hermano de poeta. Poeta él mismo por la gracia más del Diablo que de Dios. Su madre, Felicidad Blanc, lo dijo en aquel retrato feroz en blanco y negro que filmó Jaime Chávarri en 'El desencanto': no sabía qué hacer con él. Y permitió que lo encerraran. Y allí le dieron electroshocks. Fue su remedio contra las primeras incursiones en la noche de la droga. Ya nunca fue el mismo. O ya siguió siendo el Peter Pan de nuestra poesía para siempre.
Era nuestro maldito. Lo veías venir por Malasaña, al fondo de la calle, titubeante, de una acera a otra, en el asfalto plateado por la luna tras una lluvia nocturna de otoño, y su figura se iba irguiendo hasta que se paraba frente a ti, con la boca abierta, taladrándote con esos ojos turbios de quien lo ha perdido todo, de quien no tiene a nadie.
Lo echaban de los bares, se reían de él en su cara, le daban la espalda, pero como un perro sumiso acostumbrado al desprecio, ofrecía la palma de la mano. Y se iba encorvado, la boca abierta (siempre la boca abierta, para siempre ya desdentado), hacia el límite de la nada.
Para sacarlo de Mondragón tenías que firmar unos papeles haciéndote responsable de su persona. Y tú firmabas temblando, trémulo, asustado. Y empezaba aquel rosario de «quiero una coca-cola, quiero otro cigarrillo, no quiero comer, ya hemos comido dentro,¿sabéis que me persiguen los de Cristo Rey? ¡Ay, las orgías de la muerte!».
Fuimos a un restaurante y se empeñó, como un niño, en que Carlos Miralles lo fotografiara con un cuchillo en la mano. Salimos a la calle y posó con ese puñal de carnicero delante de la salida de coches de un edificio. En ese instante se abrió la puerta y Leopoldo se giró, cuchillo de carnicero en ristre, y surgió del conductor el grito de quien se topa con el infierno. Y Leopoldo -con un abrigo desmadejado, sin afeitar, el pelo alborotado y la boca babeante- soltó una carcajada.
Ya no sé si quería un rodaballo o nécoras. Quería eso y sólo eso. Y no había ese día en ningún restaurante de Mondragón el capricho de Leopoldo. Pactamos ir a ver el mar, y allí, tras más de 15 coca-colas (contadas), Leopoldo escribió un poema tras otro en una cafetería. Y luego nos acercamos al Peine de los Vientos, las manos en los bolsillos, lanzando a las aguas un poema aquí y otro allá, desbocado como un corzo herido, acorralado.
La vuelta fue peor. No quería volver. Y mientras fumaba, y entre risotadas huecas, decía... de todo. "Mira, con ese conductor de Pollos Olloqui estuve el otro día por 20 duros". Y luego salía el tema de la familia, de Lacan, de los psiquiatras, del terrorismo. Y otra risotada que no cabía no ya en el coche sino en todo el valle que se iba ensombreciendo.
Ay, Leopoldo. Aquel que tiraba la cartera nada más salía del Liceo Italiano, el amigo de Ana Moix, de Pere Gimferrer, de aquella Barcelona en que decía que fue el único periodo en el que se sintió feliz. Ese Leopoldo que dirigió a un grupo de manifestantes perseguidos por la policía a un callejón sin salida cerca de Cuatro Caminos y acabaron todos en comisaría, claro.
Incorregible, harto, fiel a sí mismo y a la imagen que se esperaba de él. Todos quisimos ser Leopoldo pero Leopoldo sólo hay uno. Enorme, como su risa.
by MANUEL LLORENTE
(carta al padre)
And fish to catch regeneration.
Samuel Butler, Pescador de muertos.
Solos tú y yo, e irremediablemente
unidos por la muerte: torturados aún por
fantasmas que dejamos con torpeza
arañarnos el cuerpo y luchar por los despojos
del sudario, pero ambos muertos, y seguros
de nuestra muerte; dejando al espectro proseguir en vano
con el turbio negocio de los datos: mudo,
el cuerpo, ese impostor en el retrato, y los dos siguiendo
ese otro juego del alma que ya a nada responde,
que lucha con su sombra en el espejo-solos,
caídos frente a él y viendo
detrás del cristal la vida como lluvia, tras del cristal asombrados
por los demás, por aquellos Vous etes combien? que nos sobreviven
y dicen conocernos, y nos llaman
por nuestro nombre grotesco, ¡ah el sórdido, el
viscoso templo de lo humano!
Y sin embargo
solos los dos, y unidos por el frío
que apenas roza brillante envoltura
solos los dos en esta pausa
eterna del tiempo que nada sabe ni quiere, pero dura
como la piedra, solos los dos, y amándonos
sobre el lecho de la pausa, como se aman
los muertos
«amó», dijiste, autorizado por la muerte
porque sabías de ti como de una tercera persona
bebió dijiste, porque Dios estaba (Pound dixit)
en tu vaso de whiski
amo bebió, dijiste, pero ahora espera
¿espera? y en efecto la resurrección
desde un cristal inválido te avisa
que con armas nuestra muerte florece
para ti que sólo
sabías de la muerte. Aquí
¿debajo o por encima?
de esta piedra
tú que doraste la sobrenatural dureza y el
dolor sobrenatural de los edificios desnudos
¿en qué perspectiva
dime acoger la muerte?
en la mesa de disección
tú que danzaste
enloquecido en la plaza desierta
tropezando
hiriéndote las manos en el trapecio del silencio
en pie contra las hojas muertas que
se adherían a tu cuerpo, y contra la hiedra que tapaba
obsesivamente tu boca hinchada de borracho,
danzas, danzaste
sin espacio, caído, pero
no quiero errar en la mitología
de ese nombre del padre que a todos nos falta,
porque somos tan sólo hermanos de una invasión de lo imposible
y tus pasos repiten el eco de los míos en un largo
corredor donde
retrocedo infatigable, sin
jamás moverme
¡ah los hermanos, los hermanos invisibles que florecen,
en el Terror! ¡Ah los hermanos, los hermanos que se defienden
inútilmente de la luz del mundo con las manos,
que se guardan del mundo por el Miedo, y cultivan en la sombra
de su huerto nefasto la amenaza de lo eterno, en
el ruin mundo de los vivos! ¡Ah los hermanos,
Y el ave,
el ave que vuela sobre el mundo en llamas, diciendo solo
a los mortales que se agitan debajo, diciendo
solo: ABISMO, ABISMO!
Abismo, sí, tibia guarida
de nuestro amor de hermanos, padre.
¡Pero tan solos!
¡Tan solos! Fantasmas que hace visible la hiedra
como hiedramerlín como niñadecabezacortada como
mujermurciélago la niña que ya es árbol
crecen hojas
en la foto, y un florecer te arranca
de los labios caníbales de nuestra madre Muerte, madre
de nuestro rezo
florecen los muertos florecen
unidos acaso por el sudor helado
muerto de muchas cabezas hambrientas de los vivos
te esperamos ave, ave nacida
de la cabeza que explotó al crepúsculo
ave dibujada en la piedra y llena
de lo posible de la dulzura, de su sabor
ajeno que es más que la vida, de su crueldad
que es más que la vida
¡ira
de la piedra, ira que a la realidad insulta,
que apalea
a la cabaña torpe de la mentira con verbos
que no son, resplandecen, ira
suprema de lo mudo!
(te esperamos
en la delgada orilla de lo que cae, en el prado
nocturno que atraviesan lentos
los elefantes
percibís el frío
la
conspiración de las algas,
gelatina, escamas, mano
que sobresale de la tumba
manos que surgen de la tierra como tallos
surcos arados por la muerte,
cabezas de ahorcados que echan flor:
decapitados que dialogan
a la luz decreciente de las velas,
¡oh quién nos traerá la rima
la música, el sonido que rompa la campana
de la asfixia, y el cristal borroso
de lo posible, la música del beso!
De ese beso, final, padre, en que desaparezcan
de un soplo nuestras sombras, para
asidos de ese metro imposible y feroz, quedarnos
a salvo de los hombres para siempre,
solos yo y tú, mi amada,
aquí, bajo esta piedra.



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